LOGINPunto de vista de Viola
—Viola, ¿dónde está tu ropa? —preguntó Edward una vez más mientras se acercaba a mí.
Sobresaltada por su repentina llegada, bajé rápidamente la mirada, sintiendo que el rostro me ardía de vergüenza. Mi cuerpo seguía cubierto únicamente por la manta, sin una sola prenda encima. Sujeté con fuerza el borde de la tela, intentando contener la ansiedad y esperando que Edward no sospechara nada ni me hiciera más preguntas.
—Edward, yo…
—Olvídalo. Quizá estés demasiado cansada después de nuestra boda. Necesitas descansar. Yo también voy a hacerlo —dijo Edward con voz tranquila.
Al escuchar las palabras del Alfa, solté un suspiro de alivio. Al menos no sabía lo que había sucedido entre Evan y yo. Si Edward llegaba a descubrirlo, podría matarme al creer que lo había traicionado.
Miré de reojo al apuesto Alfa al que tanto amaba. Me temblaba el cuerpo y el sudor frío me perlaba la frente. Tenía miedo de que Edward intentara reclamarme como su compañera, pues podría descubrir que ya no era virgen.
Oh, Diosa Luna, por favor… No permitas que me toque. No dejes que descubra la verdad, supliqué en silencio.
Sin decir nada más, Edward subió a la cama y se acostó dándome la espalda. No parecía tener ninguna intención de tocarme. Al verlo, sentí un enorme alivio. La angustia que llevaba en el corazón pareció desaparecer en aquel mismo instante.
Hubo un tiempo en que anhelaba sus caricias. Sin embargo, ahora, la sola idea de que me tocara me llenaba de terror. Por primera vez, agradecí que mantuviera las distancias. Me cubrí el rostro con las manos, deseando poder borrar aquella noche de mi memoria.
Salí rápidamente de la cama y me puse el camisón. Después, me senté frente al tocador y contemplé mi reflejo en el espejo. De vez en cuando, miraba a Edward, que ya dormía profundamente. Su hermoso rostro me recordaba a Evan, el hombre corpulento que me había arrebatado la virginidad unas horas antes.
—¿Quién es él en realidad? ¿Por qué su rostro se parece tanto al de Edward?
—Evan, el Alfa de la Manada Viento Sangriento. Pero ¿cómo consiguió entrar en este palacio con tanta facilidad? —me pregunté, todavía desconcertada.
No pude dormir en toda la noche. Mi mente seguía reproduciendo la imagen de Evan, a quien había confundido con Edward. También me culpaba a mí misma. ¡Qué estúpida había sido al no distinguirlos! Los dos Alfas deberían tener aromas corporales diferentes.
¡Pero no lo sabía!
Quizá estaba tan ansiosa por recibir las caricias de Edward que fui incapaz de percibir la diferencia entre ambos. Incluso parecía haber perdido el sentido del olfato, pues no había reconocido el aroma de mi propio esposo.
Después de pasar una larga noche intentando conciliar el sueño, finalmente amaneció y me preparé para comenzar mi primer día como Luna. Como de costumbre, al despertar descubrí que Edward ya no estaba a mi lado. Sin embargo, aquella vez sentí alivio y comencé a acostumbrarme a su ausencia.
Acababa de terminar de arreglarme frente al espejo cuando escuché una voz de bienvenida procedente del exterior de la entrada principal.
—¡Bienvenidos, Alfa Aldric y Luna Elsa, de la Manada Luna Plateada!
Aquellas palabras me sobresaltaron. Los nombres que acababa de escuchar pertenecían a mis suegros, los padres de Edward.
Salí rápidamente de mi habitación para recibirlos junto con los demás miembros de la corte en el castillo de Sangre Invernal. Al llegar al exterior, vi que Edward ya estaba allí, dando la bienvenida a sus padres acompañado por otros funcionarios del palacio.
—¿Dónde está tu esposa, Edward? ¿Acaso no ha venido a recibirnos? —preguntó mi suegra.
—La Luna estará aquí enseguida, mamá.
Edward estaba a punto de darse la vuelta, probablemente para ir a buscarme, pero me apresuré a aparecer y caminé directamente hacia él.
—Luna, ¿dónde estabas? —preguntó Edward en un tono ligeramente elevado.
—Lo siento, Alfa. No sabía que tus padres vendrían.
—Te lo dije anoche, ¿no? ¿O acaso tampoco estabas prestando atención?
La pregunta de Edward me tomó por sorpresa. ¿Cuándo me lo había dicho? ¿O era yo quien nunca prestaba suficiente atención a sus palabras?
—Lo siento —respondí, inclinando la cabeza.
—Está bien. Ahora vamos a saludar a mis padres y a mi hermano.
—¿A tu hermano?
Me quedé atónita al escucharlo. Mi mirada se dirigió inmediatamente hacia los padres de Edward, que habían llegado acompañados por un hombre. Su rostro me resultaba inquietantemente familiar.
¿Él?
Abrí los ojos de par en par cuando los padres y el hermano de Edward comenzaron a acercarse a nosotros.
La Luna Elsa me abrazó de inmediato, al igual que a Edward, con una expresión llena de felicidad. El Alfa Aldric también me trató con mucho cariño. Aquella cálida bienvenida consiguió dibujar una sonrisa en mis labios.
Sin embargo, mi sonrisa desapareció de repente cuando el apuesto hombre se detuvo frente a mí.
¡Su rostro era idéntico al de Edward!
Se me cortó la respiración. Lo miré fijamente, incapaz de creer lo que tenía delante. No podía ser posible, pero allí estaba.
¿Él?
—¿Dormiste bien anoche? —preguntó Evan con una leve sonrisa, hablando en voz tan baja que nadie más pudiera escucharlo.
Me quedé paralizada. Aquella voz… Ahora la reconocía demasiado bien.
El hombre parpadeó y volvió a hablar en un susurro, asegurándose de que nadie más que nosotros dos pudiera oírlo.
Su sonrisa era encantadora, incluso peligrosa. Era el tipo de sonrisa capaz de desenterrar secretos que yo había intentado enterrar desesperadamente apenas unas horas antes.
—Tú… ¿Eres Evan? —pregunté con voz temblorosa.
—Sí. Y soy el hermano gemelo de Edward. Evan Aldric, Alfa de la Manada Viento Sangriento —respondió mientras me tendía la mano.
Sentí que mi mundo se derrumbaba a mi alrededor. El miedo me hizo temblar. Tener a aquel Alfa delante me hizo recordar todo lo sucedido la noche anterior. Me aterraba la posibilidad de que le contara a Edward lo que había pasado entre nosotros.
Sin embargo, tenía que mantener la calma. No quería que Evan se diera cuenta de que estaba asustada. Además, estaba segura de que no podía leer mis pensamientos.
—Ya sé cómo te llamas. No hace falta que vuelvas a presentarte —respondí, apartando la mirada y negándome a estrecharle la mano.
Alcancé a ver cómo retiraba la mano. Sus ojos dorados se entrecerraron y una sonrisa burlona apareció en sus labios.
No sabía qué estaba pensando, ¡y tampoco quería saberlo!
Aquella mañana desayunamos todos juntos en el comedor real. Después, Edward llevó a su familia a recorrer el territorio de la manada. Más tarde, también me pidió que conversara con sus padres.
Desde el primer encuentro, parecía que al Alfa Aldric y a la Luna Elsa yo les había caído muy bien. Ambos habían estado de acuerdo con que me convirtiera en la Luna de Edward.
—Viola, deberías visitar nuestra manada algún día. Todos los miembros de la Manada Luna Plateada estarán encantados de conocerte —me dijo el Alfa Aldric.
—Por supuesto, Alfa. Los visitaré en otra ocasión.
—Ah, cierto. Creo que también deberíamos visitar la Manada Viento Sangriento. Estoy seguro de que mi hermano no tendrá ningún inconveniente. ¿Verdad, Evan? —preguntó Edward mientras dirigía la mirada hacia él.
Me quedé sin aliento al escucharlo. Giré la cabeza por instinto y miré a Evan.
Nuestras miradas se encontraron. Tuve la impresión de que él llevaba un rato observándome a escondidas. Una sonrisa extraña curvaba sus labios mientras sus ojos permanecían fijos en mí.
—Por supuesto, Edward. Esperaré encantado vuestra visita a mi palacio, tanto a ti como a tu esposa —respondió Evan.
No apartó sus ojos dorados de los míos. Una sonrisa lenta y cargada de complicidad apareció en sus labios mientras me guiñaba discretamente un ojo, un gesto que solo yo podía comprender.
Había algo en su mirada. No era exactamente una amenaza, al menos todavía no, sino una promesa.
Una promesa silenciosa de que aquello aún no había terminado.
Punto de vista de ViolaCerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.—¡Ah! ¿Qué está pasando?Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.Sí, Lily se estaba rebelando.—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedar
Punto de vista de ViolaLa puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.¡Edward!Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía i
Punto de vista de Viola—¿Evan está aquí?Él permanecía de pie frente a mí, con sus penetrantes ojos clavados en mi rostro. Desde que llegamos a Luna Plateada, no había podido dejar de pensar en él. Incluso antes de verlo, ya podía sentir su presencia.Su aroma me golpeó como una cuchilla. Era intenso, cálido y almizclado, mezclado con el olor a pino y algo profundamente salvaje. Un aroma que antes me había confundido en medio de la pasión y que ahora hacía temblar todo mi cuerpo.El hombre permanecía tranquilo, vestido con un elegante traje formal negro y gris. Sin embargo, sus ojos no reflejaban la misma calma. Su mirada era afilada y penetrante, como si pudiera desnudarme por completo desde la distancia.—¿Viola? —susurró Edward mientras apretaba un poco más mi mano.—Te tiemblan las manos.Me sobresalté y retiré rápidamente la mano de la suya.—Es el viento nocturno, Alfa. Hace un poco de frío —murmuré, intentando mantener la voz serena.—Está bien.Edward asintió, aunque siguió o
Punto de vista de Viola—Dime, ¿qué me estás ocultando?La pregunta me golpeó con más fuerza que cualquier espada. La mirada de Edward era inquisitiva, cargada de sospecha. No podía negarlo. Sentía el pecho oprimido, pero hice todo lo posible por mantener la calma.—Solo estoy cansada, Alfa. Últimamente he tenido demasiadas cosas en la cabeza.Pasaron unos segundos de silencio que me dejaron los oídos zumbando. Entonces, Edward soltó un profundo suspiro. Me observó durante un largo momento, como si esperara que terminara confesando la verdad. Pero no cedí. No podía decirle nada.Todavía no.Finalmente, se levantó y caminó hacia la puerta. Su rostro reflejaba decepción, aunque también había cierta culpa en sus ojos.—Está bien, Luna. Si necesitas algo, llámame. Te daré un poco de tiempo.Y se marchó, dejándome sola en la habitación.La puerta se cerró suavemente tras él, pero su voz seguía resonando en mi cabeza. Solté el aire que había estado conteniendo y sentí que las rodillas casi
Punto de vista de Viola—¿Qué? ¿Quieres decir que estoy embarazada?Abrí los ojos de par en par al escuchar las palabras de Nathan.—Así es, Luna. Está esperando un hijo del Alfa. Felicidades —respondió Nathan con una sonrisa amable.Se me cortó la respiración. Aferré las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí que el mundo entero daba vueltas a mi alrededor.¿Embarazada? ¿Yo?Nunca me había acostado con Edward. Solo había una explicación posible, y no soportaba terminar de formular aquel pensamiento.Evan.—Nathan… ¿estás completamente seguro? —susurré.—Lo he comprobado dos veces. Hay un latido débil, pero constante.Mi mano se dirigió por sí sola hacia mi vientre todavía plano. Una vida estaba creciendo dentro de mí. Era tan pequeña y, sin embargo, imposible de negar. La realidad me golpeó como una puñalada en el pecho.—¿De cuánto tiempo estoy?Nathan hizo una pausa para calcularlo.—Aproximadamente entre cinco y seis semanas.Cinco o seis semanas.
Punto de vista de Viola—¿Por qué ese Alfa dijo que soy su compañera predestinada? ¡Está completamente loco!Murmuré para mis adentros mientras permanecía en el balcón de mi habitación, con la mirada fija en la distancia. Levanté la vista hacia el cielo nocturno, adornado por la luna, donde seguramente la Diosa Luna me observaba desde las alturas. La brisa soplaba suavemente entre los árboles, creando un ambiente fresco y tranquilo.—Viola, ¿todavía no estás dormida?Aquella voz grave y ligeramente ronca me hizo estremecer.Me volví rápidamente y vi al Alfa Edward acercándose a mí. Mi expresión cambió al instante cuando lo vi salir al balcón y detenerse justo a mi lado. Sentí que el rostro se me quedaba helado y seguramente había palidecido.—¿Alfa? —pregunté, sobresaltada.Edward giró la cabeza hacia mí. Levantó una ceja mientras me observaba atentamente.—¿Qué ocurre? ¿Por qué pareces tan asustada al verme acercarme?—¡Oh, no! Yo… Simplemente me sorprendió que aparecieras de repente







