LOGINPunto de vista de Evan
—¡Ah, Alfa! ¡Hazlo otra vez! ¡Más profundo, Alfa! ¡Por favor! —suspiró una mujer que se encontraba debajo de mí.
—¡Cállate! No me digas lo que tengo que hacer. ¡Soy el único que tiene el control sobre ti y sobre tu vida! —espeté con brusquedad, haciendo que la mujer guardara silencio de inmediato y dejara de gemir.
—Lo siento, Alfa —respondió ella en voz baja.
Cerré los ojos y me mordí el labio inferior mientras seguía embistiendo con mi miembro el sexo de aquella mujer cuyo nombre desconocía. Solo le había pedido a mi Beta que me consiguiera una mujer de compañía, aunque fuera una Omega. Únicamente necesitaba satisfacer mis deseos, sin tener que saber quién era la mujer con la que me acostaba.
—¡Ahhh! ¡Ohhh! —Un gemido escapó de mis labios mientras continuaba moviéndome contra su cuerpo.
—Ah, eres increíble, Alfa —me elogió mientras deslizaba las manos por mi cuerpo desnudo, sin una sola prenda que lo cubriera.
Seguí disfrutando de su cuerpo. Mantuve los ojos cerrados y me mordí los labios con más fuerza. El encuentro era placentero, pero, por alguna razón, sentía que no conseguía disfrutarlo de verdad.
—Ahhh, Viola…
Pronuncié aquel nombre sin darme cuenta.
Desde que me había acostado con Viola aquella noche en la habitación de Edward, no había dejado de pensar en ella. Incluso cuando mantenía relaciones con otras mujeres, siempre era el rostro de Viola el que aparecía en mi imaginación.
—Alfa, ¿por qué estás reduciendo el ritmo? ¿Acaso no te estoy satisfaciendo lo suficiente? —preguntó la mujer de repente.
Sentí que intentaba mover las caderas, pero, de algún modo, había perdido todo el deseo por ella. En cuanto abrí los ojos, descubrí que también me estaba mirando.
Retiré rápidamente mi miembro de su cuerpo. Después, le di la espalda, recogí mi ropa y comencé a vestirme.
—¡Ya no te quiero aquí! ¡Lárgate de una maldita vez! —le grité.
—Pero ¿por qué, Alfa? ¡Ni siquiera has llegado al orgasmo!
—Ya no tengo ganas. Recoge las monedas de oro que hay sobre la mesa y sal de mi habitación.
—Pero, Alfa…
—¡Lárgate o te cortaré el cuello aquí mismo! —espeté, comenzando a perder la paciencia.
La mujer parecía aterrorizada. Se apresuró a recoger la ropa del suelo, tomó una moneda de oro de la mesa y salió de mi habitación a toda prisa.
—¡Argh! —gruñí mientras me revolvía el cabello con brusquedad.
—¡Maldita sea!
Murmuré entre dientes, pasándome las manos por el pelo. La tensión que sentía en el pecho era insoportable. Por mucho que lo intentara, mi cuerpo se negaba a llegar al final. Todo por culpa de ella… Viola.
Gruñí mientras contemplaba mi erección, que seguía completamente rígida.
Me arreglé la ropa y caminé hacia el balcón de mi habitación. Mi mirada se perdió en el horizonte y, por alguna razón, el corazón comenzó a latirme aceleradamente. Tenía la extraña sensación de que algo estaba a punto de suceder.
—¿Por qué no puedo dejar de pensar en Viola? Nunca me había pasado algo así con ninguna mujer. Entonces, ¿por qué ella no deja de invadir mis pensamientos? Ah, hay algo extraño en esa mujer.
Me revolví el cabello una vez más, un gesto que, lejos de restarme atractivo, acentuaba todavía más mi aspecto imponente.
¡Clic! ¡Clic!
—¡Alfa Evan!
Escuché unos pasos acompañados de una voz que pronunciaba mi nombre. Yo llevaba un rato en el balcón, contemplando el denso bosque que formaba parte de nuestro territorio. Giré la cabeza y vi a Reyhand, mi leal Beta, de pie frente a mí.
—¿Qué sucede, Reyhand?
—El Alfa Edward, de la Manada Sangre Invernal, y su Luna han llegado a nuestra manada, Alfa —respondió con evidente entusiasmo.
—¿Qué? ¿Edward y su Luna están aquí? —pregunté, sorprendido por la noticia.
—Así es, Alfa.
La llegada de mi hermano gemelo no me sorprendía demasiado. Sin embargo, al escuchar que había venido acompañado de su Luna, sentí que el corazón me daba un vuelco sin motivo aparente.
—¿De verdad? Vamos a recibirlos.
Acompañado por Reyhand, caminé rápidamente hacia la entrada principal. Sentía que no podía esperar más para encontrarlos.
O, mejor dicho, para encontrarme con Viola.
En cuanto llegamos, mi mirada se dirigió inmediatamente a la figura alta e imponente de Edward, que estaba junto a una elegante mujer de cabello oscuro.
¡Era Viola!
Mi mirada quedó atrapada en su rostro. Había algo en ella que captaba toda mi atención y no podía apartar los ojos de su figura.
—Evan, me alegro de verte —saludó Edward con una amplia sonrisa.
Le devolví la sonrisa, aunque mis pensamientos seguían concentrados en Viola, que estaba junto a mi hermano gemelo.
—Sí, yo también me alegro de verte, Edward. Bienvenido a nuestra manada.
Aunque estaba hablando con Edward, no dejaba de buscar oportunidades para mirar a Viola a escondidas. Sin embargo, la hermosa mujer permanecía en silencio, con la cabeza inclinada y sin mirarme ni una sola vez.
—Luna, dale las gracias a Evan por recibirnos —ordenó Edward en voz alta, sobresaltando a Viola.
—Está bien, Alfa.
Vi cómo la mujer asentía rápidamente antes de levantar la cabeza y mirarme.
—Gracias por recibirnos, Alfa Evan.
Sus ojos se encontraron con los míos. Nos miramos durante unos instantes, hasta que ella volvió a bajar la mirada.
Al escuchar su voz y encontrarme con sus ojos, sentí una opresión en el pecho. Por un momento, olvidé cómo respirar. Era como si un vínculo invisible nos conectara.
—Es un honor recibirlos —respondí, intentando mantener una actitud formal.
Aparté la mirada por un instante para recuperar la compostura y di unas instrucciones a Reyhand.
—¡Reyhand, enséñale a Edward nuestra zona de entrenamiento para los guerreros!
—Por supuesto, Alfa —respondió, asintiendo.
—¡Vamos! Quiero ver cómo entrenan los guerreros de esta manada —dijo Edward con entusiasmo.
—¡Adelante!
Les indiqué a Edward y a Reyhand que se marcharan primero. Yo los seguiría poco después.
Sin embargo, no tardé en darme cuenta de que Viola y yo nos habíamos quedado solos en una habitación bastante silenciosa. Habían venido únicamente ellos, sin sus respectivos Betas ni Deltas, mientras que los funcionarios de mi palacio también se encontraban acompañando a Edward.
La habitación estaba iluminada únicamente por la luz del sol que entraba a través de la ventana, proyectando nuestras largas sombras sobre el suelo.
Viola comenzó a caminar rápidamente en dirección a donde se habían marchado Edward y Reyhand. Quizá también se sentía incómoda en aquel ambiente silencioso. Sin embargo, yo experimentaba justo lo contrario. Su presencia despertaba todavía más mi interés, como si algo urgente me oprimiera el pecho.
En medio del silencio, su aroma dulce y fresco comenzó a llenar el aire que nos rodeaba. Mis instintos de lobo reaccionaron de una manera que jamás había experimentado. El corazón me latía con fuerza y hasta creí percibir los latidos de Viola, que apenas llegaban a mis oídos.
—¡Viola, espera! —la llamé mientras caminaba rápidamente hacia ella, hasta quedar a su lado.
—¡Aléjate! ¡No te acerques a mí! —espetó, acelerando el paso.
Respiré profundamente para intentar tranquilizarme. Sabía que debía de estar muy enfadada conmigo por lo que había sucedido aquella noche.
Normalmente, era brusco con las mujeres, pero con Viola todo era diferente. Había algo en ella capaz de derribar todas mis defensas.
Y eso me aterrorizaba.
—Viola, ¿no sientes que hay algo diferente cuando estás aquí conmigo? —pregunté, buscando una confirmación.
Ella se detuvo de inmediato y se volvió rápidamente hacia mí. Su rostro se tiñó de rojo y pareció sorprendida por mi pregunta.
—¿A qué te refieres? —preguntó con frialdad, adoptando un tono cauteloso.
Reuní el valor necesario y la miré fijamente. También intenté expresar lo que estaba sintiendo.
—Yo… Siento que existe un vínculo entre nosotros. Creo que es el vínculo de pareja. Viola, tú eres mi compañera predestinada.
—¿Qué?
Viola soltó una exclamación de asombro. Sus ojos se abrieron de par en par y su rostro reflejó una mezcla de ira e incredulidad.
—¡No! ¡Soy la Luna de Edward! Él es mi compañero. Sentí el vínculo, sé que lo sentí… ¡No puedo aceptar esto! ¡No está bien! —exclamó.
Sus ojos brillaron con intensidad y retrocedió un paso, con el rostro contraído por la ira.
Fruncí el ceño. Lo que decía era cierto, pero lo que yo sentía tampoco podía ser una equivocación.
—Viola, puedo sentirlo. Este vínculo es real. Tú también lo sientes, ¿verdad?
Sin embargo, Viola negó rápidamente con la cabeza.
—¡Ya tengo un compañero, Alfa! Mi compañero predestinado es Edward. Además, el aroma de su piel despertó algo primitivo en mí. Mi lobo aulló en silencio, reconociendo aquello que me negué a admitir entre nosotros durante el festival de la Luna Azul. Por eso, es imposible que tú seas mi compañero.
De repente, me quedé mudo, incapaz de reaccionar ante su confesión. Abrí los ojos de par en par, completamente sorprendido por sus palabras.
—¿Qué? ¿El festival de la Luna Azul? —murmuré, comenzando a sospechar que algo no encajaba en toda aquella historia.
¿El festival de la Luna Azul?
Recordé la extraña atracción que había sentido aquella noche, pero pensé que solo se debía al vino.
Punto de vista de ViolaCerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.—¡Ah! ¿Qué está pasando?Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.Sí, Lily se estaba rebelando.—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedar
Punto de vista de ViolaLa puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.¡Edward!Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía i
Punto de vista de Viola—¿Evan está aquí?Él permanecía de pie frente a mí, con sus penetrantes ojos clavados en mi rostro. Desde que llegamos a Luna Plateada, no había podido dejar de pensar en él. Incluso antes de verlo, ya podía sentir su presencia.Su aroma me golpeó como una cuchilla. Era intenso, cálido y almizclado, mezclado con el olor a pino y algo profundamente salvaje. Un aroma que antes me había confundido en medio de la pasión y que ahora hacía temblar todo mi cuerpo.El hombre permanecía tranquilo, vestido con un elegante traje formal negro y gris. Sin embargo, sus ojos no reflejaban la misma calma. Su mirada era afilada y penetrante, como si pudiera desnudarme por completo desde la distancia.—¿Viola? —susurró Edward mientras apretaba un poco más mi mano.—Te tiemblan las manos.Me sobresalté y retiré rápidamente la mano de la suya.—Es el viento nocturno, Alfa. Hace un poco de frío —murmuré, intentando mantener la voz serena.—Está bien.Edward asintió, aunque siguió o
Punto de vista de Viola—Dime, ¿qué me estás ocultando?La pregunta me golpeó con más fuerza que cualquier espada. La mirada de Edward era inquisitiva, cargada de sospecha. No podía negarlo. Sentía el pecho oprimido, pero hice todo lo posible por mantener la calma.—Solo estoy cansada, Alfa. Últimamente he tenido demasiadas cosas en la cabeza.Pasaron unos segundos de silencio que me dejaron los oídos zumbando. Entonces, Edward soltó un profundo suspiro. Me observó durante un largo momento, como si esperara que terminara confesando la verdad. Pero no cedí. No podía decirle nada.Todavía no.Finalmente, se levantó y caminó hacia la puerta. Su rostro reflejaba decepción, aunque también había cierta culpa en sus ojos.—Está bien, Luna. Si necesitas algo, llámame. Te daré un poco de tiempo.Y se marchó, dejándome sola en la habitación.La puerta se cerró suavemente tras él, pero su voz seguía resonando en mi cabeza. Solté el aire que había estado conteniendo y sentí que las rodillas casi
Punto de vista de Viola—¿Qué? ¿Quieres decir que estoy embarazada?Abrí los ojos de par en par al escuchar las palabras de Nathan.—Así es, Luna. Está esperando un hijo del Alfa. Felicidades —respondió Nathan con una sonrisa amable.Se me cortó la respiración. Aferré las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí que el mundo entero daba vueltas a mi alrededor.¿Embarazada? ¿Yo?Nunca me había acostado con Edward. Solo había una explicación posible, y no soportaba terminar de formular aquel pensamiento.Evan.—Nathan… ¿estás completamente seguro? —susurré.—Lo he comprobado dos veces. Hay un latido débil, pero constante.Mi mano se dirigió por sí sola hacia mi vientre todavía plano. Una vida estaba creciendo dentro de mí. Era tan pequeña y, sin embargo, imposible de negar. La realidad me golpeó como una puñalada en el pecho.—¿De cuánto tiempo estoy?Nathan hizo una pausa para calcularlo.—Aproximadamente entre cinco y seis semanas.Cinco o seis semanas.
Punto de vista de Viola—¿Por qué ese Alfa dijo que soy su compañera predestinada? ¡Está completamente loco!Murmuré para mis adentros mientras permanecía en el balcón de mi habitación, con la mirada fija en la distancia. Levanté la vista hacia el cielo nocturno, adornado por la luna, donde seguramente la Diosa Luna me observaba desde las alturas. La brisa soplaba suavemente entre los árboles, creando un ambiente fresco y tranquilo.—Viola, ¿todavía no estás dormida?Aquella voz grave y ligeramente ronca me hizo estremecer.Me volví rápidamente y vi al Alfa Edward acercándose a mí. Mi expresión cambió al instante cuando lo vi salir al balcón y detenerse justo a mi lado. Sentí que el rostro se me quedaba helado y seguramente había palidecido.—¿Alfa? —pregunté, sobresaltada.Edward giró la cabeza hacia mí. Levantó una ceja mientras me observaba atentamente.—¿Qué ocurre? ¿Por qué pareces tan asustada al verme acercarme?—¡Oh, no! Yo… Simplemente me sorprendió que aparecieras de repente







