Share

6

last update Tanggal publikasi: 2026-08-30 14:32:24

(...)

A las siete de la noche, me ajusté el nudo de la corbata de punto de seda frente al espejo de mi vestidor. El traje a medida encajaba con precisión quirúrgica en mis hombros. Me rocié con un perfume de notas amaderadas, cogí mi cartera, el móvil y las llaves del coche, y comencé a bajar la escalera principal de mi casa.

En el vestíbulo, la escena que encontré hizo hervir mi sangre al instante.

Thiago estaba tirado en uno de los sofás de cuero italiano, con el cuerpo inclinado hacia atrás, mirando el móvil. Pero el detalle sórdido era su par de zapatos impertinente apoyado justo en el centro de la mesa de centro de madera noble. A su lado, el señor José — un hombre de sesenta y cinco años, que trabajaba con nosotros desde hacía más de tres décadas y que tenía más clase en el meñique que Thiago en todo el cuerpo — le pedía educadamente que quitara los pies de ahí.

— ¿Has perdido el oído, Thiago? — mi voz resonó en el vestíbulo con la firmeza de un látigo.

Thiago se sobresaltó, recogiendo las piernas en un movimiento brusco. Pero, antes de recomponerse, lanzó una mirada de puro desprecio hacia el señor José.

— Tranquilo, papá. Solo estaba descansando las piernas.

— La mesa de centro no es un reposapiés — dije, bajando los últimos escalones con pasos pesados. — Y José no es tu empleado personal para andar limpiando la suciedad de tu zapato.

— Está pagado para cuidar la casa, ¿no? — Thiago se encogió de hombros, con una audacia que me hizo apretar los puños a los costados.

— Yo soy el dueño de esta casa. Yo pago el salario de José y él tiene toda mi confianza — respondí, entre dientes, parándome a un metro de distancia de él. — Te ayudó a cambiar los pañales cuando eras un bebé malcriado. Deberías mostrar el mínimo respeto por su historia aquí. La próxima vez que te vea tratando a cualquier persona de esta casa con ese tono, vamos a tener un problema muy serio que tu mesada no va a resolver. ¿Entendido?

Thiago resopló, girando la cara. Respiré hondo y me volví hacia el anciano, que mantenía una postura resignada.

— José, por favor, déjelo estar. Usted está libre por hoy, vaya a descansar.

— Muchas gracias, muchacho Leonardo — respondió el señor José, abriendo una sonrisa amable y sincera antes de retirarse discretamente hacia la zona de servicio.

Giré sobre mis talones y caminé hacia el garaje, escuchando los pasos pesados e inconformes de Thiago justo detrás de mí.

— No tenías que humillarme delante de él... — empezó, en cuanto cruzamos la puerta del garaje.

Entré en el todoterreno negro, ajustando el asiento. En cuanto cerró la puerta del acompañante, lo miré de lado con la mirada más gélida de mi repertorio.

— Si el próximo tema de tu boca es José, te sugiero que te bajes del coche y vayas en taxi.

Puso mala cara y optó por el silencio, hundiéndose en el asiento del acompañante y volviendo a mirar la pantalla del móvil. Arranqué el motor y aceleré hacia el centro de convenciones donde se celebraría el desfile.

El tráfico de Chicago fluía bien, pero mi mente estaba extrañamente agitada. Odio las multitudes, odio el destello de los flashes de los paparazzi y odio aún más el ambiente corporativo de los eventos sociales, donde los hombres de negocios pasan la noche midiendo fuerzas para ver quién aparenta ser más poderoso. Por mí, habría firmado la liberación de los seguros de las joyas y me habría quedado en casa leyendo un buen libro.

Sin embargo, a medida que nos acercábamos al lugar, una sensación extraña y persistente comenzó a instalarse en mi pecho. No era ansiedad, ni irritación. Era una intuición magnética, un presentimiento nítido de que la rutina que había estado arrastrando durante años estaba a punto de sufrir un terremoto. Algo en aquella noche sería diferente. Y, por primera vez en mucho tiempo, mi mente no estaba enfocada en los negocios, sino en la urgencia inexplicable de pisar aquel evento.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Mi Suegro Es Mi Sugar Daddy    143

    (...)Mi padre se acercó, con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada, con la emoción desbordándose. Los demás entraron justo detrás de él en la habitación donde yo estaba, todos sonriendo y sosteniendo globos y algunas flores, un mar de amor. Mi abuelo llevaba dos bolsitas, una roja y otra azul, y yo sabía muy bien qué había dentro: una cuerda y una herradura con los nombres de los niños, que él ya conocía porque había escuchado «sin querer» a Leonardo y a mí hablando, una tradición de amor.—Y entonces... —preguntó en voz baja—. ¿Cómo se llaman?Fue lo primero que preguntó mi padre, con la voz convertida en un susurro reverente, como si estuviera en un templo.—Estoy bien, papá. Gracias.Me burlé, pero sonreí, con el amor desbordándose. Miré de reojo las pequeñas cunas a mi lado, donde dormían mis milagros.Después del parto, me limpiaron, me dieron los puntos y me trajeron aquí, a una habitación del hospital que parecía un palacio. Allí se quedó solo Leonardo, mi ancla. U

  • Mi Suegro Es Mi Sugar Daddy    142

    No era exactamente dolor. Era una presión extraña, profunda, diferente de todo lo que había sentido hasta entonces, como si mi cuerpo se estuviera preparando para algo grande. Una sensación que se extendía como una ola, apretando cada músculo, cada nervio, un mensaje de mi cuerpo. Respiré hondo, esperando que pasara.Pasó... y volvió, más fuerte.Por Dios, ¿es lo que estoy pensando? La pregunta resonó en mi mente.—Leonardo... —lo llamé en voz baja.No tardó más de cinco segundos en aparecer en la puerta, como si hubiera estado esperando. Había tenido la idea de comprar vigilabebés y dejar uno conmigo mientras llevaba el otro consigo por la casa; una precaución que me había parecido exagerada, pero que ahora agradecía, una prueba de su amor.—¿Qué pasa? —preguntó sin aliento, respirando aceleradamente por la carrera, con el pánico en los ojos. Su rostro apareció en la penumbra, los ojos muy abiertos por la preocupación, una máscara de miedo.Antes de que pudiera responder, sentí un ex

  • Mi Suegro Es Mi Sugar Daddy    141

    Ella y aquel desgraciado habían terminado... Él la dejó, en realidad, con una crueldad que no sorprendió a nadie. La engañó con su mejor amiga, lo que hizo que ella se pusiera mal y casi perdiera al bebé por los nervios, una tragedia anunciada. Mi padre se quedó allí mientras Cláudia la consolaba, pero él no dijo nada, se limitó a observarla mientras lloraba, su silencio como una sentencia.Solo me preocupaba el bebé, la vida que crecía dentro de ella, pero, aparte de eso, no sentí nada. Ni siquiera la satisfacción de verla experimentar lo mismo que yo había sentido, el dolor de una traición. Simplemente... no me importó. No sentí nada, como si aquella historia no tuviera nada que ver conmigo. Ya sabía que él la estaba engañando, que esa era su naturaleza. Si había hecho eso en la granja con nuestra prima, delante de todos, no era ninguna novedad que volviera a hacerlo, un patrón que se repetía. La historia se repetía, y yo solo esperaba que Natália finalmente aprendiera la lección y

  • Mi Suegro Es Mi Sugar Daddy    140

    SOFIATRES MESES DESPUÉS...El silencio que envolvía la casa aquella tarde de finales de verano era uno de esos silencios que no pesaban, sino que reconfortaban, como un abrazo suave. El tipo de silencio que llega después de una tormenta, cuando todo se calma y por fin puedes escuchar tu propio corazón, sentir tu propia respiración. El único sonido era el suave borboteo de la olla sobre el fogón, donde algo se cocinaba lentamente, y el ruido distante del televisor encendido en algún programa al que nadie prestaba realmente atención, un zumbido de fondo.Estaba sentada en el sofá, con las piernas apoyadas sobre suaves almohadas, sintiendo el peso familiar de la barriga y el agradable cansancio de otro día que parecía igual a tantos otros, una rutina de amor. Mis manos descansaban sobre la curva pronunciada, sintiendo los pequeños movimientos que ya se estaban convirtiendo en parte de mi rutina: patadas, giros, aquellas ondulaciones que me hacían sonreír incluso en los días más difícile

  • Mi Suegro Es Mi Sugar Daddy    139

    Nos miró a los dos, con los ojos brillantes. —Están perfectos. Ahora, ¿quieren saber el sexo? Preguntó, y Leonardo fue el primero en responder, con la ansiedad desbordándose. —Sí —dijo apresuradamente, con la voz temblorosa. —El primero que veo es... Lo interrumpió un grito que resonó desde el pasillo. —¡LOS GLOBOS! La voz de Lucas atravesó la puerta como un trueno de emoción. Me reí y negué con la cabeza, haciendo un pequeño gesto para que el hombre a mi lado los recogiera. Así lo hizo, dejándolos delante del médico, con sus colores vibrantes. —Vamos a hacerlo de una vez, entonces. Sonrió e hizo movimientos rápidos, haciendo estallar dos globos. Quedaron... uno rojo y uno azul, el destino revelándose. —Felicidades. Miré a Leonardo. Sonrió ampliamente, pasó la mano por mi barriga y besó mi cabeza con una ternura que me desarmó, que derribó todas mis defensas. —¿QUÉ ES? —preguntaron desde fuera, con una ola de curiosidad, pero nosotros estábamos en nuestro propio

  • Mi Suegro Es Mi Sugar Daddy    138

    Entramos, saludé a todos y todavía me parecía extraño que estuvieran allí, aquella invasión de amor.—¿Por qué están todos aquí? Sé que quieren saberlo, pero no podrán entrar —comenté, mirando aquel montón de rostros conocidos, cada uno resplandeciente de expectación.—El abuelo pagó para que pudiéramos entrar y ver la ecografía —contó Rafael, emocionado, con los ojos brillando como estrellas.—Ah...Abrí y cerré la boca, sin palabras, mientras la emoción me invadía.—Voy a hablar con la recepcionista.Entré, dejándolos atrás, con el murmullo de sus voces resonando por el pasillo, un zumbido de felicidad.—Buenos días —saludé a la recepcionista y le di mis datos con voz firme.Ella señaló la sala de consulta con una sonrisa profesional, un gesto de bienvenida.—Gracias.Sonreí levemente y caminé hasta allí, viendo que Leonardo venía conmigo, sin soltarme nunca la mano, como si yo fuera su puerto seguro.Los demás estaban cerca, mirándonos de reojo, una audiencia ansiosa. Me mordí los

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status