LOGINLa recuperación de Ángela prosiguió sin problema. Bajo los cuidados de la madre de Jade y las atenciones de su mejor amiga y padre, en menos de una semana los dolores desaparecieron casi por completo.
Aunque eso no evitaba que su cuerpo estuviese cubierto por moretones que se iban desvaneciendo poco a poco.
A pesar de la cojera de su pierna, acompañó a su amiga durante los últimos preparativos de su boda, Jade ya estaba de vacaciones oficialmente y ahora que ambas se encontraban disponibles, ella la arrastró por todos lados, en especial, a la tienda que se estaba encargando de los vestidos de sus damas de honor.
―Debemos cambiar el vestido por un pantalón y una camisa ―dijo Jade―. Aunque la mayoría de los cardenales desaparezcan para ese día, el de tu pierna es demasiado grande y se va a notar.
Jade había escogido unos vestidos de tubo de color azul rey y la falda llegaba sobre las rodillas. Esa era la única parte del vestido que se podía considerar atrevida, porque del resto no tenía escote y era de mangas largas.
―No tengo problema con el pantalón, de hecho es más cómodo para tomar fotos ―le recordó ella.
―Pero si vas con una camisa de mangas largas, vas a ir toda cubierta… ―se quejó.
―¿Qué tal si usa una camisa de un solo brazo? ―sugirió la modista―. Si la idea es que los moretones más grandes no se vean, podemos dejar que el brazo golpeado lleve mangas y el otro no. Te va a quedar muy sexy… ―aseguró la mujer.
Como no tenían más opciones, decidieron ir por ello, de esa manera, Ángela llevaría el mismo color del resto de sus damas de honor.
Después de terminar el proceso y hacerse una prueba del vestido de novia ―de la cual Ángela tomó un par de fotos―, fueron a comer a un restaurante cercano al hotel donde se haría la fiesta. Durante la comida conversaron de cosas relacionadas a la futura vida de casada, desde la casa en la que vivirían hasta la vajilla que usaría para comer.
Jade de verdad estaba emocionada por su matrimonio.
En especial porque al ser hija de un matrimonio mixto, usualmente era un poco complicado ser aceptado por la gente que honraba la tradición china, pero a su futuro esposo y su familia no les importaba eso; por el contrario, estaban muy emocionados porque ella era una excelente cirujana.
―¿Y con quién vas a ir a la boda? ―preguntó Jade, llevándose la copa a los labios―. ¿Con Leo o Robin?
―Pensaba ir por mi cuenta, pensé que las damas de honor no debían llevar citas… ―respondió ella.
―Se supone que deben ser solteras, son dos cosas diferentes ―le aclaró su amiga―. Vamos, Angie… ya va siendo hora, ¿no crees? Además, ambos son buenas opciones: por un lado tienes el dulce y tierno cachorrito, Leo con esos ojos llenos de dulzura te conquista por lo cuchi que es. ―Jade hizo un gesto de corazón con ambas manos―. Por el otro, al sensual y seductor CEO, Robin Martin parece un dios germánico, sus ojos son siempre una amenaza de que está a punto de comerte… ―Se mordió el labio inferior y compuso una expresión traviesa―. Amiga, tienes para escoger, no lo dudes más.
Ángela soltó una carcajada, no le quedó más opción.
―La verdad es que lo he estado pensado, pero… ―dudó, miró la ensalada de su plato y soltó una exhalación―. Me gana la conciencia, al final.
―¿Cuál conciencia? Ángela no es como que vayas a asesinar a alguien o patear un cachorrito…
―Si sabes que podría terminar siendo eso último si lastimo a Leopoldo, ¿no? ―le hizo ver―. Yo sé que debo dejar atrás todo este peso que llevo cargando durante tanto tiempo, es solo que no me siento capaz de usarlo, tengo miedo a lastimarlo, porque a mí me lastimaron mucho.
―¡Estúpido, David! ―exclamó Jade, dando un puñetazo a la mesa―. Es que si lo veo, soy capaz de darle una patada en la entrepierna.
La morena rio con diversión, luego asintió.
―Dale dos, una de mi parte…
―Ok, yo me aseguro de hacerlo ―aceptó su amiga―. Pero ya en serio, la verdad, Ángela, la única que no se da una oportunidad eres tú… Después de todo… ¿Leo no te ha dicho que está dispuesto a correr el riesgo? Tú eres la que tiene miedo, Angie, y eso no es malo, lo que sí es malo es que estás paralizada por él, como un animalito ante las fauces de un depredador ―suspiró―. Leo sabe, y está dispuesto, a ser usado por ti, a correr el riesgo de que le rompas el corazón, ¿sabes por qué?
Ángela negó.
―No lo sé, la verdad, me preocupa que no se dé cuenta de la situación…
―La que no se da cuenta eres tú… ―se mofó Jade―. Él está dispuesto a correr la situación porque hay un cincuenta porciento de posibilidades de que salga bien.
»Mientras tú solo ves el lado malo, Leopoldo está viendo el lado bueno.
»Si sales de ese rincón oscuro en el que te encuentras, verás que hay un hermoso paisaje ante tus ojos, y él sabe que si se encuentra a tu lado tomando tu mano cuando te des cuenta, entonces los dos serán felices…
Ángela no dijo nada, su amiga tenía razón, sabía que quien hablaba por ella y se negaba, era la parte de sí que estaba aterrorizada ante la idea de volver a enamorarse y sufrir.
Y eso se debía a que la continua presencia de David estaba despertando las viejas emociones a la par que las heridas.
Por eso su cabeza se había quedado en un bucle repetitivo, y no lograba salir de allí.
Ella también sabía que del otro lado la estaban esperando, no solo Leo que se encontraba más que dispuesto a ser el puente a cruzar, sino también otras personas, como su amiga Jade, que se quedó a su lado, demostrándole su lealtad incondicional y amor fraternal; a sabiendas de que Ángela estaba tan dañada que ya no lograba confiar en nadie por completo.
Durante el resto de la semana siguieron con el proceso, ya solo quedaban quince días para la boda. El lunes siguiente Ángela fue al hospital donde trabajaba su amiga y se hizo un chequeo, ya pronto podría quitarse el cabestrillo y si no presentaba ningún dolor o incomodidad para mover el hombro o el brazo, entonces ya estaría completamente sanado.
Cuando el traumatólogo dijo eso, la morena soltó una exclamación de júbilo porque eso significaba que podría volver a su departamento.
―Ya quieres abandonarme, eres una ingrata ―dijo Jade fingiendo un sollozo―. ¿Por qué no me quieres? Aquí no te tratamos mal, incluso te tratamos mejor que a mis hermanos…
Ángela se rio, abrazó a Liliana y le dio las gracias.
―¿Estás segura de que vas a estar bien? ―le preguntó, ignorando la rabieta de su hija―. Son muchas escaleras y tu pierna…
―Estaré bien, en serio ―aseguró ella―. Además no es como que no nos vayamos a ver más, soy su dama de honor y fotógrafa oficial ―les recordó a ambas mujeres―. Eso sin contar que de verdad quiero ir a ver cómo quedó el local. Leo hizo una cita con la diseñadora de interiores para el miércoles, es importante que esté allí.
―Bueno, hija… ―aceptó la mujer, volviendo a abrazarla―. Cualquier cosa que necesites, nos avisas, sea yo o el tío Jin, o incluso Jade, iremos por ti y te ayudaremos.
La sonrisa cálida acompañó a Ángela incluso después de subirse en el auto de Jade y escuchar su regaño por no quedarse con ella en su casa. Permaneció por más tiempo, a pesar de que ella siguió con su cantaleta aún después de subir hasta el departamento para dejar la maleta.
Jade estaba en la puerta cuando se giró repentinamente y abrazó a Ángela con firmeza. La diferencia de estatura hizo que la morena se inclinara para que su amiga enroscara sus brazos alrededor de su cuello.
―No te olvides que te amamos, Angie…
Luego de soltar esa sentencia empalagosa se marchó.
Por coincidencia, Leo estaba subiendo las escaleras en ese momento, cargado con bolsas de comestibles. Se despidió de Jade y le sonrió a la recién llegada.
―Pensé que estarías de vuelta para la cena y que podría sorprenderte ―confesó.
―Igual puedes invitarme a cenar ―respondió la morena, devolviéndole la sonrisa―. Siempre estoy lista para comer tu comida, nada más por eso podría casarme contigo.
―Entonces deberíamos poner fecha para la boda… ―dijo él jugando. Ambos rieron―. Todavía es temprano, ¿qué te parece si vienes a mi apartamento en una hora?
―Sí, claro, no hay problema… ―aceptó ella―. Nos vemos entonces.
Leo y ella eran vecinos de piso, así que por lo menos no tendía que subir o bajar escaleras.
Aprovechó para meterse un rato en la tina, en casa de su amiga no poseían bañera y en todos esos días lo que más echaba de menos era recostarse dentro de esta con el agua tibia y una copa de vino. No obstante, como no tenía mucho tiempo, omitió la copa de vino pero disfrutó de la relajante sensación de sumergirse por completo en el agua.
A la hora acordada apareció frente a la puerta de Leo, esté abrió cuando ella dio los toquecitos en la madera.
En perspectiva y si era objetiva, la vista quitaba el aliento.
Leopoldo era un hombre atractivo, tal y como decía Jade, tenía el aspecto de chico tierno y adorable; no obstante, ella sabía que debajo de sus camisetas informales y suéteres se encontraba un cuerpo bien proporcionado, con brazos fuertes y definidos.
Y aquella noche los estaba exhibiendo porque llevaba una camiseta ceñida al cuerpo, sin mangas, de color negro y sobre esta, para protegerla, un delantal con un dibujo en el centro de un par de tomates bailando salsa.
―Bienvenida de vuelta, socia… ―saludó él, tendiéndole la copa de vino. Ángela la recibió y sonrió.
―¿En qué te ayudo? ―preguntó al entrar, siempre que comían juntos y él preparaba la comida, ella ayudaba lavando los alimentos o revolviendo las ollas, incluso a veces picaba algunas cosas. Esa vez, él negó.
―En nada, sé que aún tienes la pierna lastimada, así que te sientas allá y me sacas conversación ―indicó Leo.
Ángela soltó un suspiro de resignación e hizo lo que le indicaba, solo que no se sentó en el sofá que le señaló, sino que tomó uno de los bancos altos que se encontraban al otro lado del mesón.
Lo vio trabajar de manera eficiente, en cuestión de minutos preparó la masa y cortó la misma en fideos largos que echó rápidamente en el agua hirviendo. Cuando levantó la tapa de la otra olla sobre la hornilla, un aroma rico y especiado inundó el lugar, haciendo que la morena comenzaba a salivar.
Sin pensarlo mucho, sin darle demasiadas vueltas, Ángela decidió hacerlo.
―Leo… ¿quieres ser mi acompañante para la boda de Jade? ―preguntó ella.
Su amigo se giró a mirarla y frunció el ceño.
―Pensé que íbamos a ir juntos… ¿no era así? ―Ella negó levemente.
―Me refiero a que si quieres ir conmigo, no como mi amigo, si no como mi cita…
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







