LOGIN*TRES DIAS ANTES*
Estaba a punto de llevarme una taza a la boca cuando un mensaje llegó a mi Teléfono: VICTOR GALLE-91 AÑOS-VEJEZ Miro la pantalla y tuerzo los labios. —Víctor, mi té se va a enfriar—me quejo en voz alta, aunque no puede escucharme.—Sé que ya es hora de descansar, pero si esperaste noventa y un años para verme, podrás esperar un par de minutos más. Termino el té, dejo la taza en la encimera de la cocina y me coloco mi túnica negra. Después tomo mis cuchillos, que son las únicas armas que puedo llevar conmigo, y una vez listo, chasqueo los dedos para llegar a la ubicación de Víctor, y así guiarlo para que atraviese el umbral entre los muertos. No tardé ni un segundo en aparecer en el lugar. Era una habitación pequeña de baja iluminación, y en una cama cubierta con unas sábanas algo desgastadas, se encontraba el cuerpo de un hombre de edad avanzada, y una señora contemporánea con él, estaba sentada en el borde de la misma, llorando en silencio. Y como si se tratara de un acto de magia, al mismo tiempo, ese hombre estaba parado junto a mí, mirando la escena con ojos tristes. —Supongo que vienes por mí—menciona el señor, dirigiéndoseme. Quién hablaba era el alma, pues su cuerpo yacía en aquella cama. —Supone bien Víctor Galle. Yo soy Dos, y vengo para guiarlo al más allá. Se muestra algo asustado. —¿Iré al infierno? —Le aseguro que no, porque de ser así, yo no estaría aquí en este momento. —Que alivio... —Ya es momento de marcharse. —¿Y qué pasará con mi esposa? —señala a la señora que llora junto a su cuerpo—.Estará muy sola sin mí, ojalá hubiese podido darle hijos. —Quizás pronto le haga compañía. —No sé si eso me alegra, o me entristece, pero, al menos vivimos una vida larga y pacífica. —Que ese sea su consuelo, ya es hora de descansar. Tome mi mano—extendí el brazo hacia él. —¿A dónde voy a ir? —Lamento no tener una respuesta, solo tenga fé—el hombre asintió y siguió mis órdenes. —Un segundo—pidió, mirando a su esposa—Te esperaré con paciencia amor mío—lanzó un beso en el aire—.Ahora sí, muchacho, estoy listo—cerró los parpados. —Víctor Galle, llegaste a este mundo hace 91 años, ya es momento de partir, y yo, el número dos, te guío con mi luz. El alma del hombre desapareció, y le di una última ojeada a la señora antes de desaparecer del lugar también. Regrese a mi casa, y estaba por prepararme un sándwich cuando el teléfono volvió a sonar, ahora dos veces seguidas. MARTIN LOIS-78 AÑOS-PARO CARDÍACO. LEGNA LOIS-19 AÑOS-SUICIDI*-19 DE ABRIL-5:21 pm. Era extraño el segundo mensaje, aún faltan dos días para el 19 de abril. Los mensajes nunca llegan con anticipación, siempre lo hacen faltando solo minutos para el deceso. En los cuatrocientos años que llevo haciendo este trabajo, es la primera vez que esto sucede. ¿Y qué más da?, tal vez es alguna clase de actualización, las cosas pueden cambiar. Si antes me llegaban cartas y ahora tengo éste aparato al que llaman teléfono. No le di mayor importancia, simplemente chasqueé mis dedos y aparecí en el lugar, que esta vez, es una habitación de hospital. El cuerpo de Martín se encuentra recostado en una camilla, con médicos alrededor, y al mismo tiempo, una chica rubia ahoga un grito y llora desconsolada mientras observa a través de un vidrio lo que está sucediendo. La observé por unos cortos segundos, y algo en ella llamó mi atención, aunque no entendía que era. Tuve la extraña sensación de haberla visto antes, como si la conociera de otro lado, algo que es imposible, no suelo tener contacto con los humanos al menos de que sea bajo circunstancias de extrema importancia. —Disculpe, ¿Quién es usted? —me pregunta el señor Martín, haciendo que me volviera a concentrar en mi trabajo—¿Y cómo es que puedo estar ahí y aquí, al mismo tiempo? —señala la camilla y luego su pecho. —Es usted Martín Lois, de 78 años de edad. —S... si—Responde vacilante—¿Eres la muerte? —Podría decirse... Preocupado, hace la misma pregunta que hacen todos, “¿Viniste por mí?” y yo solo asiento con la cabeza para afirmar. —No puedo marcharme... ¿Qué sucederá con mi nieta Legna? —la observa a través del vidrio—ella no puede estar sola, es muy joven y olvidadiza, siempre olvida sus llaves en casa... ¿Quién le abrirá la puerta al llegar? —su voz se quiebra al terminar de hablar. —Tal vez no tarde mucho en ir con usted—respondo mirando en dirección a la joven. —¿Qué?, ¿También te llevarás a mi nieta?—se altera—No, por qué la matarás, si apenas está empezando a vivir... —Mi trabajo no es matar a nadie—lo interrumpo—Yo solo los guío, una vez que el alma se separa del cuerpo los ayudo a cruzar el umbral entre la vida y la muerte. —Y entonces, ¿Como sabes que mi nieta morirá? —Porque su nombre ya me fue envi...—caigo en cuenta de lo que estoy haciendo y meneo la cabeza para reaccionar—Ya le he dicho demasiado, solo deme su mano. El hombre asintió sin refutar, y antes de seguir mis instrucciones, atravesó el vidrio que lo separaba de su desconsolada nieta, e intentó acariciar su cabello, pero no podía tocarla. —Te amo mi pequeña Lu. La chica dejó de llorar, como si hubiese escuchado aquellas palabras. —Es momento de irse, no puedo esperar más—el hombre asintió, se acercó a mí y tomó mi mano—Martin Lois, llegaste a este mundo hace 78 años, ya es momento de partir, y yo, el número dos, te guío con mi luz. —No dejes que ella muera, por favor…—suplicó, un segundo antes de desaparecer. Me quedé observando a la chica, quien se encontraba completamente inmóvil, probablemente estaba en estado de shock. —¿Cómo podría yo evitar tu muerte?, eso es imposible—susurré sin dejar de mirarla, y segundos después, chasquee los dedos para desaparecer. 19 DE ABRIL- 5:15 PM. Cuando supe que era el momento, aparecí junto a Legna, justo al borde de un acantilado. —Entonces así será—digo en voz alta, a pesar de saber que ella no podía escucharme—Ojalá que no te arrepientas a último minuto, me han dicho que morir ahogado es una de las peores formas de terminar—me acerco al borde mientras hablo, y casi podía sentir la furia de las olas al chocar contra los cantiles. La chica da un paso adelante, y se estremeció al ver lo mismo que estaban viendo mis ojos. —Estas sola Legna, ya no tienes a nadie en este mundo… solo hazlo—se dice así misma. —Que desperdicio, les dan una vida corta y aun así no la aprecian, tanto que pudiste haber hecho—le reprocho, al ver la determinación en sus ojos, no hay duda de que lo hará—Espero que en tu próxima vida no seas tan cobarde. —No soy una cobarde—Susurra en voz baja y al siguiente segundo la vi saltar al agua. Ya saben el caos que vino después…BASTIANEstaba enloqueciendo.Comprendí por las malas por qué mi castigo era un verdadero castigo y no unas vacaciones, como había pensado al principio.No hacer absolutamente nada era lo más desesperante que había experimentado en toda mi existencia.El primer día había sido tranquilo. El segundo, un tanto insoportable. Pero el tercero se había convertido en una auténtica tortura. No había manera de soportar una semana entera en aquellas condiciones.Había perdido la cuenta de cuántos libros me había leído.Intentaba no pensar en ella.Legna.Sin embargo, su rostro aparecía en mi mente cada vez que cerraba los ojos, como si mi propia conciencia se empeñara en recordarme aquello de lo que intentaba escapar.—No —me reprendí por quinta vez en el día—. No puedes pensar en ella. Ella está bien. Ella está...Me callé.Una energía descomunal acababa de manifestarse en algún lugar, atravesando la distancia hasta alcanzar mis sentidos.Durante unos instantes, intenté convencerme de que prove
LEGNA Es impresionante cómo puede cambiar la percepción del tiempo para una persona que se encuentra completamente sola. Los minutos se convierten en horas, y las horas terminan transformándose en meses... Jamás he sentido que pertenezco a este mundo. Quizá por eso me ha costado tanto encajar. Últimamente, además, mi vacío existencial no ha hecho más que aumentar. Nunca he tenido a alguien a quien llamar mejor amigo o mejor amiga, pero antes, al menos, me resultaba más fácil socializar. Recuerdo que mi abuelo siempre me decía que había sido bastante parlanchina desde muy pequeña. Tal vez perdí esa facilidad desde que lo perdí a él... Esa mañana vi entrar a Dilam en la tienda. Era uno de los clientes más habituales, aunque hacía tiempo que no lo veía. —¡Hola! —lo saludé con la mano. Me miró como si fuera un bicho raro y me ignoró por completo. Fruncí el ceño. ¿Qué le pasa a la gente últimamente? —¿Quieres ir conmigo a una discoteca? —preguntó Carla, visiblemente en
—¿Entonces los guardianes somos el equilibrio? La voz volvió a sonar en mi cabeza. NO SE TRATA DE USTEDES O DE MÍ. ES ALGO MUCHO MÁS PROFUNDO Y COMPLICADO. CADA SER, CADA ALMA, CADA FUERZA OCUPA UN LUGAR DENTRO DE UN ORDEN QUE NO PUEDE ROMPERSE. —Pero ser creado con un único propósito me parece algo egoísta. SU PROPÓSITO EXISTE POR UNA RAZÓN: IMPEDIR QUE UNO DE LOS LADOS LLEGUE A DOMINAR AL OTRO. PORQUE CUANDO UNA FUERZA PREVALECE SOBRE SU OPUESTA, EL ORDEN DEJA DE EXISTIR… Y CUANDO EL EQUILIBRIO SE ROMPE, TODO LO DEMÁS CAE CON ÉL. —¿Y no te resulta injusto que los guardianes tengamos una existencia tan vacía? ¿Sin nada más que hacer que trabajar y seguir reglas? LA VIDA NECESITA DE LA MUERTE, Y LA MUERTE NECESITA DE LA VIDA. CREÉ A MIS ÁNGELES PARA ASEGURARME DE QUE ESE CICLO CONTINÚE. La voz se volvió más profunda. SON LAS PIEZAS DE ALGO MUCHO MÁS GRANDE QUE USTEDES MISMOS. SON QUIENES PRESERVAN EL ORDEN. UN ORDEN QUE SE HA MANTENIDO GRACIAS A LAS REGLAS. —Ya entendí —dije
NARRADOR Bastian se presentó ante el Creador, con la expresión de alguien que acababa de perder una batalla incluso antes de pelearla. No había un cuerpo, ni un rostro frente a él, ni ojos que pudieran mirarlo. Era una inmensa presencia de luz, una luz blanca y dorada que parecía extenderse hasta un horizonte que él no podía distinguir. ... BASTIAN. HOLA, DOS. Me habló el creador. Escuché su voz dentro de mi cabeza. Cerré los ojos y me incliné un poco en señal de respeto. —Padre. ¿YA SABES POR QUÉ ESTÁS AQUÍ? Levanté el rostro. —No vengo a justificarme. La luz pareció expandirse. Y, frente a mí, comenzaron a aparecer siete destellos. Los observé en silencio. Sabía que cada uno representaba a un guardián, a un ángel de la muerte. NO LOS CREÉ PARA QUE FUERAN IGUALES. —Lo sé. NO. TODAVÍA NO LO ENTIENDES. El primer destello era de una tonalidad cálida, blanquecina. El Creador comenzó a describirlos. UNO. ELYSIA. ELLA ES ESPERANZA. —La dadora de milagr
—No debí haber venido —me dije en voz alta. Había soportado una semana entera lejos de ella. Pero ser exiliado sin darle un último adiós no era opción para mí. Aunque sabía perfectamente que verla haría tambalear mi juicio. Pude haber venido con la túnica, y no, preferí presentarme como un simple humano para que ella también pudiera verme una última vez. Me quedé unos segundos frente a la puerta de la tienda donde trabajaba. Cuando mis ojos la enfocaron a través del cristal, el corazón me comenzó a galopar en el pecho. Empujé la puerta y entré. El sonido de una pequeña campanilla anunció mi llegada. Legna estaba detrás del mostrador. Ella levantó la mirada y yo me escondí detrás de un estante, fingiendo estar viendo algo de ahí. Pasé casi un minuto con un empaque de algo que decía NACHOS en la mano. —Son ricos, te los recomiendo. Esa voz, esa dulce y cálida voz me inundó los oídos. Tardé un par de segundos en levantar la mirada para posar mis ojos en ella. Tenía qu
Mi intención era tomar a Legna y desaparecer, pero una luz iluminó la habitación. Era la túnica de Elysia, quien apareció frente a nosotros. —Cuatro. No hagas esto... —Uno. No es tu asunto. No debes intervenir... Tú también tendrás que rendir cuentas ante el Creador. Elysia no retrocedió. Permaneció firme, sosteniendo su mirada. —Has ayudado a Dos. Has protegido a la humana. También has roto las reglas. Ella lo miró serenamente, aunque sus ojos reflejaban una determinación que no estaba dispuesta a ocultar. —Si es necesario, responderé por mis actos. Pero no permitiré que cometas un error creyendo que estás haciendo justicia. Los ojos dorados de Cuatro se endurecieron. —¿Un error?—respondió él sin apartar la mirada—. El equilibrio exige consecuencias. —Consecuencias, no crueldad. No actúes en nombre del Creador. —Yo solo sigo las reglas. —¿Y quién creó las reglas? Oberim guardó silencio. Elysia dio un paso hacia él. —El Creador. El único que puede cambiarl







