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2-La vi saltar al agua.

Author: Andry07
last update publish date: 2026-09-08 00:01:15

*TRES DIAS ANTES*

Estaba a punto de llevarme una taza a la boca cuando un mensaje llegó a mi Teléfono:

VICTOR GALLE-91 AÑOS-VEJEZ

Miro la pantalla y tuerzo los labios.

—Víctor, mi té se va a enfriar—me quejo en voz alta, aunque no puede escucharme.—Sé que ya es hora de descansar, pero si esperaste noventa y un años para verme, podrás esperar un par de minutos más.

Termino el té, dejo la taza en la encimera de la cocina y me coloco mi túnica negra. Después tomo mis cuchillos, que son las únicas armas que puedo llevar conmigo, y una vez listo, chasqueo los dedos para llegar a la ubicación de Víctor, y así guiarlo para que atraviese el umbral entre los muertos.

No tardé ni un segundo en aparecer en el lugar. Era una habitación pequeña de baja iluminación, y en una cama cubierta con unas sábanas algo desgastadas, se encontraba el cuerpo de un hombre de edad avanzada, y una señora contemporánea con él, estaba sentada en el borde de la misma, llorando en silencio.

Y como si se tratara de un acto de magia, al mismo tiempo, ese hombre estaba parado junto a mí, mirando la escena con ojos tristes.

—Supongo que vienes por mí—menciona el señor, dirigiéndoseme. Quién hablaba era el alma, pues su cuerpo yacía en aquella cama.

—Supone bien Víctor Galle. Yo soy Dos, y vengo para guiarlo al más allá.

Se muestra algo asustado.

—¿Iré al infierno?

—Le aseguro que no, porque de ser así, yo no estaría aquí en este momento.

—Que alivio...

—Ya es momento de marcharse.

—¿Y qué pasará con mi esposa? —señala a la señora que llora junto a su cuerpo—.Estará muy sola sin mí, ojalá hubiese podido darle hijos.

—Quizás pronto le haga compañía.

—No sé si eso me alegra, o me entristece, pero, al menos vivimos una vida larga y pacífica.

—Que ese sea su consuelo, ya es hora de descansar. Tome mi mano—extendí el brazo hacia él.

—¿A dónde voy a ir?

—Lamento no tener una respuesta, solo tenga fé—el hombre asintió y siguió mis órdenes.

—Un segundo—pidió, mirando a su esposa—Te esperaré con paciencia amor mío—lanzó un beso en el aire—.Ahora sí, muchacho, estoy listo—cerró los parpados.

—Víctor Galle, llegaste a este mundo hace 91 años, ya es momento de partir, y yo, el número dos, te guío con mi luz.

El alma del hombre desapareció, y le di una última ojeada a la señora antes de desaparecer del lugar también.

Regrese a mi casa, y estaba por prepararme un sándwich cuando el teléfono volvió a sonar, ahora dos veces seguidas.

MARTIN LOIS-78 AÑOS-PARO CARDÍACO.

LEGNA LOIS-19 AÑOS-SUICIDI*-19 DE ABRIL-5:21 pm.

Era extraño el segundo mensaje, aún faltan dos días para el 19 de abril. Los mensajes nunca llegan con anticipación, siempre lo hacen faltando solo minutos para el deceso. En los cuatrocientos años que llevo haciendo este trabajo, es la primera vez que esto sucede.

¿Y qué más da?, tal vez es alguna clase de actualización, las cosas pueden cambiar. Si antes me llegaban cartas y ahora tengo éste aparato al que llaman teléfono.

No le di mayor importancia, simplemente chasqueé mis dedos y aparecí en el lugar, que esta vez, es una habitación de hospital.

El cuerpo de Martín se encuentra recostado en una camilla, con médicos alrededor, y al mismo tiempo, una chica rubia ahoga un grito y llora desconsolada mientras observa a través de un vidrio lo que está sucediendo.

La observé por unos cortos segundos, y algo en ella llamó mi atención, aunque no entendía que era. Tuve la extraña sensación de haberla visto antes, como si la conociera de otro lado, algo que es imposible, no suelo tener contacto con los humanos al menos de que sea bajo circunstancias de extrema importancia.

—Disculpe, ¿Quién es usted? —me pregunta el señor Martín, haciendo que me volviera a concentrar en mi trabajo—¿Y cómo es que puedo estar ahí y aquí, al mismo tiempo? —señala la camilla y luego su pecho.

—Es usted Martín Lois, de 78 años de edad.

—S... si—Responde vacilante—¿Eres la muerte?

—Podría decirse...

Preocupado, hace la misma pregunta que hacen todos, “¿Viniste por mí?” y yo solo asiento con la cabeza para afirmar.

—No puedo marcharme... ¿Qué sucederá con mi nieta Legna? —la observa a través del vidrio—ella no puede estar sola, es muy joven y olvidadiza, siempre olvida sus llaves en casa... ¿Quién le abrirá la puerta al llegar? —su voz se quiebra al terminar de hablar.

—Tal vez no tarde mucho en ir con usted—respondo mirando en dirección a la joven.

—¿Qué?, ¿También te llevarás a mi nieta?—se altera—No, por qué la matarás, si apenas está empezando a vivir...

—Mi trabajo no es matar a nadie—lo interrumpo—Yo solo los guío, una vez que el alma se separa del cuerpo los ayudo a cruzar el umbral entre la vida y la muerte.

—Y entonces, ¿Como sabes que mi nieta morirá?

—Porque su nombre ya me fue envi...—caigo en cuenta de lo que estoy haciendo y meneo la cabeza para reaccionar—Ya le he dicho demasiado, solo deme su mano.

El hombre asintió sin refutar, y antes de seguir mis instrucciones, atravesó el vidrio que lo separaba de su desconsolada nieta, e intentó acariciar su cabello, pero no podía tocarla.

—Te amo mi pequeña Lu.

La chica dejó de llorar, como si hubiese escuchado aquellas palabras.

—Es momento de irse, no puedo esperar más—el hombre asintió, se acercó a mí y tomó mi mano—Martin Lois, llegaste a este mundo hace 78 años, ya es momento de partir, y yo, el número dos, te guío con mi luz.

—No dejes que ella muera, por favor…—suplicó, un segundo antes de desaparecer.

Me quedé observando a la chica, quien se encontraba completamente inmóvil, probablemente estaba en estado de shock.

—¿Cómo podría yo evitar tu muerte?, eso es imposible—susurré sin dejar de mirarla, y segundos después, chasquee los dedos para desaparecer.

19 DE ABRIL- 5:15 PM.

Cuando supe que era el momento, aparecí junto a Legna, justo al borde de un acantilado.

—Entonces así será—digo en voz alta, a pesar de saber que ella no podía escucharme—Ojalá que no te arrepientas a último minuto, me han dicho que morir ahogado es una de las peores formas de terminar—me acerco al borde mientras hablo, y casi podía sentir la furia de las olas al chocar contra los cantiles.

La chica da un paso adelante, y se estremeció al ver lo mismo que estaban viendo mis ojos.

—Estas sola Legna, ya no tienes a nadie en este mundo… solo hazlo—se dice así misma.

—Que desperdicio, les dan una vida corta y aun así no la aprecian, tanto que pudiste haber hecho—le reprocho, al ver la determinación en sus ojos, no hay duda de que lo hará—Espero que en tu próxima vida no seas tan cobarde.

—No soy una cobarde—Susurra en voz baja y al siguiente segundo la vi saltar al agua.

Ya saben el caos que vino después…

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