LOGINLEGNA.
—Joder…—exclama el extraño de pelo platinado llevándose ambas manos a la cabeza—Pero… ¿Qué fue lo que hice? Para qué me ayudó si se iba a arrepentir, es un verdadero idiota. —Me acabas de dar un gran pellizco, eso fue lo que hiciste, ¿Te piensas disculpar? —Debo irme—contesta algo inquieto, se da media vuelta y se empieza a alejar a toda prisa. —¡Ey!, no voy a permitir que me ignores—lo perseguí, y lo tomé con fuerza del brazo. —¿Qué te pasa?, suéltame. Se ve algo enojado, aunque, a decir verdad, yo también lo estaría, si acabara de salvarle la vida a alguien y esa persona solo se encargara de ofenderme en lugar de agradecer. —Discúlpame—pido con sinceridad—creo que no me comporté de la mejor manera. Da igual si te arrepientes de haberme salvado, lo importante es que lo hiciste. —Ya no importa, esto no debió ocurrir, lo mejor es que no volvamos a vernos, simplemente olvídalo—se suelta de mi agarre y continúa alejándose. —¡Al menos dime tu nombre! —se detiene dándome la espalda—Si no volveré a verte, al menos concédeme eso. Quiero saber el nombre de la persona que me salvó. Se queda en silencio durante unos segundos, vacilante, y después se da la vuelta para mirarme a la cara y responder en voz baja. —Bastian… me llamo Bastian, pero debes olvidarlo, de hecho, olvida todo lo que acaba de suceder, y continúa con tu vida Legna Lois, pero esta vez, haz que cada minuto valga la pena. Quedé pasmada. ¿Cómo podía saber mi nombre?, incluso mi apellido, sin duda es muy extraño y guapo, sobre todo guapo, no había detallado lo atractivo que es, hasta este momento. Sus ojos son azules como el cielo, y me generan intriga, porque resultan gentiles y misteriosos al mismo tiempo. Su cabello platinado es exótico, pero admito que le va muy bien, a pesar de que ahora lo tiene algo húmedo y alborotado. Y su piel, es tan blanca y perfecta como las facciones de su rostro. ¿De dónde salió este hombre?, tal vez si morí bajo esas aguas y ahora estoy en el paraíso. Cerré los ojos y meneé la cabeza unos segundos para volver en sí, y cuando los volví a abrir, ya no estaba. Había desaparecido, había sido más rápido que un simple pestañeo mío. Empecé a caminar buscándolo por todos lados y fue inútil, ya se había marchado y si cumple con su palabra, nunca volveré a verlo. “Bastián, Bastián, Bastián” Repetí su nombre en mi cabeza para no olvidarlo, y luego de una larga caminata, regresé a casa, empapada, con frio, y sintiendo aun ese enorme vacío en mi pecho. Volví a mi triste realidad, a la tormentosa soledad que me dan esas cuatro paredes. Me recosté del marco de la puerta de mi habitación y dejé resbalar mi cuerpo hasta quedar sentada en el piso. “Continua con tu vida Legna Lois, pero esta vez, haz que cada minuto valga la pena”. Las palabras de Bastián retumban en mi cabeza, y por más que quisiera hacerle caso, no hallo razón alguna para hacer que “valga la pena”. —Para que me salvaste si al fin y al cabo también me dejarías sola—pregunté, como si ese extraño pudiese escucharme—¿No ves que estoy desamparada? Mi pecho vibró y mis lagrimas cayeron para unirse con la humedad de mi ropa. Dejé caer mi cuerpo a un lado para reposar mi cabeza en el suelo, y en cuestión de minutos, me sumergí en un profundo sueño.BASTIANEstaba enloqueciendo.Comprendí por las malas por qué mi castigo era un verdadero castigo y no unas vacaciones, como había pensado al principio.No hacer absolutamente nada era lo más desesperante que había experimentado en toda mi existencia.El primer día había sido tranquilo. El segundo, un tanto insoportable. Pero el tercero se había convertido en una auténtica tortura. No había manera de soportar una semana entera en aquellas condiciones.Había perdido la cuenta de cuántos libros me había leído.Intentaba no pensar en ella.Legna.Sin embargo, su rostro aparecía en mi mente cada vez que cerraba los ojos, como si mi propia conciencia se empeñara en recordarme aquello de lo que intentaba escapar.—No —me reprendí por quinta vez en el día—. No puedes pensar en ella. Ella está bien. Ella está...Me callé.Una energía descomunal acababa de manifestarse en algún lugar, atravesando la distancia hasta alcanzar mis sentidos.Durante unos instantes, intenté convencerme de que prove
LEGNA Es impresionante cómo puede cambiar la percepción del tiempo para una persona que se encuentra completamente sola. Los minutos se convierten en horas, y las horas terminan transformándose en meses... Jamás he sentido que pertenezco a este mundo. Quizá por eso me ha costado tanto encajar. Últimamente, además, mi vacío existencial no ha hecho más que aumentar. Nunca he tenido a alguien a quien llamar mejor amigo o mejor amiga, pero antes, al menos, me resultaba más fácil socializar. Recuerdo que mi abuelo siempre me decía que había sido bastante parlanchina desde muy pequeña. Tal vez perdí esa facilidad desde que lo perdí a él... Esa mañana vi entrar a Dilam en la tienda. Era uno de los clientes más habituales, aunque hacía tiempo que no lo veía. —¡Hola! —lo saludé con la mano. Me miró como si fuera un bicho raro y me ignoró por completo. Fruncí el ceño. ¿Qué le pasa a la gente últimamente? —¿Quieres ir conmigo a una discoteca? —preguntó Carla, visiblemente en
—¿Entonces los guardianes somos el equilibrio? La voz volvió a sonar en mi cabeza. NO SE TRATA DE USTEDES O DE MÍ. ES ALGO MUCHO MÁS PROFUNDO Y COMPLICADO. CADA SER, CADA ALMA, CADA FUERZA OCUPA UN LUGAR DENTRO DE UN ORDEN QUE NO PUEDE ROMPERSE. —Pero ser creado con un único propósito me parece algo egoísta. SU PROPÓSITO EXISTE POR UNA RAZÓN: IMPEDIR QUE UNO DE LOS LADOS LLEGUE A DOMINAR AL OTRO. PORQUE CUANDO UNA FUERZA PREVALECE SOBRE SU OPUESTA, EL ORDEN DEJA DE EXISTIR… Y CUANDO EL EQUILIBRIO SE ROMPE, TODO LO DEMÁS CAE CON ÉL. —¿Y no te resulta injusto que los guardianes tengamos una existencia tan vacía? ¿Sin nada más que hacer que trabajar y seguir reglas? LA VIDA NECESITA DE LA MUERTE, Y LA MUERTE NECESITA DE LA VIDA. CREÉ A MIS ÁNGELES PARA ASEGURARME DE QUE ESE CICLO CONTINÚE. La voz se volvió más profunda. SON LAS PIEZAS DE ALGO MUCHO MÁS GRANDE QUE USTEDES MISMOS. SON QUIENES PRESERVAN EL ORDEN. UN ORDEN QUE SE HA MANTENIDO GRACIAS A LAS REGLAS. —Ya entendí —dije
NARRADOR Bastian se presentó ante el Creador, con la expresión de alguien que acababa de perder una batalla incluso antes de pelearla. No había un cuerpo, ni un rostro frente a él, ni ojos que pudieran mirarlo. Era una inmensa presencia de luz, una luz blanca y dorada que parecía extenderse hasta un horizonte que él no podía distinguir. ... BASTIAN. HOLA, DOS. Me habló el creador. Escuché su voz dentro de mi cabeza. Cerré los ojos y me incliné un poco en señal de respeto. —Padre. ¿YA SABES POR QUÉ ESTÁS AQUÍ? Levanté el rostro. —No vengo a justificarme. La luz pareció expandirse. Y, frente a mí, comenzaron a aparecer siete destellos. Los observé en silencio. Sabía que cada uno representaba a un guardián, a un ángel de la muerte. NO LOS CREÉ PARA QUE FUERAN IGUALES. —Lo sé. NO. TODAVÍA NO LO ENTIENDES. El primer destello era de una tonalidad cálida, blanquecina. El Creador comenzó a describirlos. UNO. ELYSIA. ELLA ES ESPERANZA. —La dadora de milagr
—No debí haber venido —me dije en voz alta. Había soportado una semana entera lejos de ella. Pero ser exiliado sin darle un último adiós no era opción para mí. Aunque sabía perfectamente que verla haría tambalear mi juicio. Pude haber venido con la túnica, y no, preferí presentarme como un simple humano para que ella también pudiera verme una última vez. Me quedé unos segundos frente a la puerta de la tienda donde trabajaba. Cuando mis ojos la enfocaron a través del cristal, el corazón me comenzó a galopar en el pecho. Empujé la puerta y entré. El sonido de una pequeña campanilla anunció mi llegada. Legna estaba detrás del mostrador. Ella levantó la mirada y yo me escondí detrás de un estante, fingiendo estar viendo algo de ahí. Pasé casi un minuto con un empaque de algo que decía NACHOS en la mano. —Son ricos, te los recomiendo. Esa voz, esa dulce y cálida voz me inundó los oídos. Tardé un par de segundos en levantar la mirada para posar mis ojos en ella. Tenía qu
Mi intención era tomar a Legna y desaparecer, pero una luz iluminó la habitación. Era la túnica de Elysia, quien apareció frente a nosotros. —Cuatro. No hagas esto... —Uno. No es tu asunto. No debes intervenir... Tú también tendrás que rendir cuentas ante el Creador. Elysia no retrocedió. Permaneció firme, sosteniendo su mirada. —Has ayudado a Dos. Has protegido a la humana. También has roto las reglas. Ella lo miró serenamente, aunque sus ojos reflejaban una determinación que no estaba dispuesta a ocultar. —Si es necesario, responderé por mis actos. Pero no permitiré que cometas un error creyendo que estás haciendo justicia. Los ojos dorados de Cuatro se endurecieron. —¿Un error?—respondió él sin apartar la mirada—. El equilibrio exige consecuencias. —Consecuencias, no crueldad. No actúes en nombre del Creador. —Yo solo sigo las reglas. —¿Y quién creó las reglas? Oberim guardó silencio. Elysia dio un paso hacia él. —El Creador. El único que puede cambiarl







