ANMELDENSerena Vale
~•~ Cuando Ralph por fin se apartó, me quedé sin aliento. Ralph se pasó el pulgar por el labio, como si no pudiera creer que acabara de besarme. «Perdona si te he pillado desprevenida». Su disculpa sonó poco sincera. Me miraba como si no le importara haberme pillado desprevenida. Me miraba como si quisiera volver a hacerlo. Antes de que pudiera responder, Nik intervino: «No parece que a ella le haya importado». Me sonrojé por completo al oír sus palabras, porque eran ciertas. No me importaba. No me importaba haber roto con mi prometido justo ayer. No me importaba estar en un jet con dos desconocidos guapísimos. No me importaba haber besado a uno de ellos. Solo quería dejarme llevar por una vez. Además, no era como si fuera a volver a encontrarme con ellos después de esto. La isla no era pequeña. Era muy posible que no volviéramos a vernos en lo que quedaba de viaje. —No le hagas caso —dijo Ralph, lanzando una mirada fulminante a su amigo. —No me importó —admití en voz baja. Ralph y Nik se quedaron mirándome como si no pudieran creer que realmente lo hubiera admitido. Sus miradas combinadas eran intensas, y me ponían más caliente y más nerviosa que el beso de Ralph. Esos hombres eran un problema. Lo supe desde el momento en que subí al avión, pero los problemas nunca habían sido tan emocionantes. —Necesitabas una distracción, ¿verdad? —preguntó Ralph, como si intentara justificar la razón por la que le había devuelto el beso. Me eché a reír, capaz ya de respirar con más tranquilidad. «Eso es el eufemismo del siglo». —¿Ah, sí? —Nik se inclinó hacia delante, aparentemente interesado en mis palabras—. Entonces, deja que te distraigamos. Nosotros. Por un instante, el ambiente cambió. Algo tácito pasó entre nosotros tres, algo peligroso y temerario. Nunca había besado a dos hombres en la misma noche y, desde luego, no en el mismo sitio, pero la parte atrevida y temeraria de mí no pensaba con racionalidad esa noche, no después de haber sido traicionada por mi ex y de encontrarme en un espacio cerrado con dos hombres atractivos. «¿Cómo pensáis hacerlo?». Nik y Ralph intercambiaron una mirada ante mi pregunta antes de que Nik me tendiera la mano. Sin saber muy bien qué pretendía, le cogí la mano con vacilación. Chillé de sorpresa cuando, de repente, me sacó de mi asiento y me sentó directamente en su regazo. Ni siquiera tuve oportunidad de decir nada antes de que cubriera su boca con la mía. A diferencia de Ralph, el beso de Nik fue más brusco. Me mordisqueó el labio. Cuando jadeé, su lengua se deslizó suavemente, explorando mi boca con la precisión de un hombre seguro de sí mismo en todo lo que hacía. ¡Al principio ni siquiera sabía que estaba interesado en mí! Con Ralph era fácil de adivinar. Solo me invitó a subir a su jet porque estaba interesado, pero con esas miradas duras e indescifrables que Nik me había estado lanzando desde que subí, nunca habría pensado que acabaría en su regazo. A pesar de mí misma, rodeé su cuello con los brazos, profundizando el beso. Nik gimió en mi boca y ese sonido me sacudió hasta lo más profundo. Cuando Nik por fin se apartó, apoyó la frente contra la mía, respirando con dificultad. Yo jadeaba y era incapaz de recuperar el aliento. La vergüenza rondaba por el fondo de mi mente, pero aun así me incliné para darle otro beso. —Vaya, vale —oí decir a Ralph a mi lado, lo que me hizo apartarme, con las mejillas sonrojadas—. No te mostrabas tan entusiasta conmigo —se quejó. «Lo estaba…», dije entre jadeos. «…adaptándome». «Ahora que ya te has adaptado, estaría bien repetirlo». Inclinándome hacia delante, volví a besar a Ralph. Este beso fue menos vacilante que el anterior. Me agarró por el cuello, inclinándome la cabeza para poder besarme mejor mientras yo seguía sentada en el regazo de Nik. Mientras lo besaba, no dejé de recordar lo descabellado que era todo aquello. Los dedos de Nik encontraron el dobladillo de mi camiseta. Por un segundo, pensé que iba a quitármela, pero se limitó a deslizar los dedos por debajo y a frotar mi piel con círculos constantes. Su tacto era electrizante. Además de la boca húmeda de Ralph, estaba segura de que yo estaba más húmeda de lo que jamás había estado. Mientras Ralph seguía besándome, Nik me dio un beso con la boca abierta en el cuello. Me eché hacia atrás, el contacto era intenso, pero no tenía adónde ir. Al ver que empezaba a sentirme abrumada, ambos hombres se apartaron, dándome espacio para respirar. —¿Sabes las ganas que tengo de poseerte aquí mismo? —La voz de Nik sonaba ronca mientras hablaba. «¿Qué te lo impide?». Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas. Nik soltó una risita, un sonido grave y oscuro. «Porque aquí estás en desventaja». «¿Qué?» «Estás en un avión con dos desconocidos. No quiero que te sientas coaccionada». No me sentiría coaccionada, pero entendía por qué lo decía, así que no insistí. En lugar de eso, me levanté del regazo de Nik y volví a mi asiento, intentando fingir que no me había afectado mucho todo lo que acabábamos de hacer, como si no estuviera sin aliento y temblando. «¿Qué tal si te vienes con nosotros el fin de semana?», preguntó Ralph en su lugar. «¿Q-qué?» «Que te vengas con nosotros», repitió, esta vez con más firmeza. «Podemos hacer que este fin de semana merezca la pena. Sin cámaras, sin exnovios. Solo tranquilidad». Miré a los dos hombres. Lo decían en serio. «Eso no sería apropiado…» «¿Por qué no lo sería?», preguntó frunciendo el ceño. «No habrá reglas, ni expectativas. Solo olvídate de todo durante unos días». Una aventura de fin de semana con los dos. Eso era lo que me estaba pidiendo. Era una locura. *p*n*s los conocía. No sabía sus apellidos ni ellos sabían el mío. Pero, pensándolo bien, ahí estaba la emoción. Nunca habría imaginado que mi viaje de luna de miel se convertiría en una aventura de fin de semana. La verdad es que nadie podía predecir el futuro. «Aterrizaremos pronto», dijo Nik. Intuyendo mi vacilación, Ralph sacó una tarjeta de su bolsillo y me la entregó. Solo ponía su nombre y su número. «Piénsatelo y llámanos cuando te hayas decidido». Asentí con la cabeza y guardé la tarjeta en mi bolso. «¿Quieres que te llevemos en coche hasta tu complejo turístico?», Negué con la cabeza. «No hace falta. Puedo llegar por mi cuenta», le aseguré, aunque sabía que era solo porque compartir un coche aún más pequeño con ellos me haría tomar más decisiones equivocadas.Serena Vale~•~Al darse cuenta de que me había quedado sin palabras, Ralph esbozó una sonrisa burlona y se acercó a mí. «¿Es eso lo que te gustaría, cariño?», preguntó, acorralándome entre él y la encimera de la cocina.Tenía las mejillas rojas. Con lo mucho que me sonrojo siempre delante de estos hombres, no me sorprendería que se me quedaran rojas para siempre a partir de ahora. Ya sabían que no me opondría a eso, pero aun así me lo preguntaban directamente.¿Cómo iba a admitir que los quería a los dos para olvidar el dolor que me había dejado mi exnovio?—Respóndeme, Serena —me instó Ralph, levantándome la barbilla para que pudiera mirarle a los ojos—. Te prometimos un fin de semana sin reglas ni expectativas. Nunca llegaste a responder si eso es lo que quieres.Mantuve la mirada de Ralph durante un rato. Él sabía que acababa de romper con mi ex. Sabía que se suponía que este iba a ser mi viaje de luna de miel. A él no le importaba ser un rebote, así que ¿por qué iba a importarme
Serena Vale~•~Cuando abrí los ojos más tarde ese mismo día, tardé un momento en recordar dónde estaba. Las suaves sábanas que tenía debajo no eran ni mías ni de Lila. El sonido de las olas desde el balcón no era algo con lo que solía despertarme.Fue entonces cuando los recuerdos empezaron a aflorar. El jet. La isla. Los dos hombres que había conocido hacía menos de veinticuatro horas.Miré el reloj digital de la mesita de noche. Eran las once de la mañana. Me incorporé y me estiré, frotándome los ojos mientras mi móvil se iluminaba con un mensaje.Era de Ralph.[¿Ya te has despertado? Si es así, bajamos a desayunar dentro de veinte minutos. ¿Te apuntas?]Respondí rápidamente. [Allí estaré]Me levanté a duras penas de la cama y me metí en la ducha. El cuarto de baño era tan bonito que me entraron ganas de quedarme allí un buen rato, pero el mensaje de Ralph para que nos reuniéramos a desayunar rondaba por mi cabeza.Las últimas veinticuatro horas habían sido surrealistas. Se suponía
Serena Vale~•~Quince minutos más tarde, un elegante coche negro se detuvo frente al hotel. Esperé fuera, indecisa, sin saber muy bien si era para mí o no, hasta que el conductor bajó la ventanilla. «¿Señorita Serena?».Asentí con la cabeza y él salió del coche para abrirme la puerta trasera.Nada de lo que había hecho en las últimas horas tenía sentido. Estaba llamando a desconocidos y subiéndome a un coche en un país extranjero. Ya ni siquiera pensaba en mi seguridad, pero tampoco es que tuviera otra opción. Era esto o dormir en la calle.Quince minutos más tarde, el coche redujo la velocidad y las verjas se abrieron para dejar al descubierto un complejo turístico. Desde la entrada, ya podía ver que era mucho más grande que el que había reservado para mi luna de miel. El lugar tenía un aspecto extravagante.Ralph estaba esperando fuera, con las manos en los bolsillos y apoyado contra la pared. Cuando vio que el coche se acercaba, se dirigió hacia él, esperó a que el conductor aparc
Serena Vale~•~Cuando el avión aterrizó, me preguntaron una vez más si quería que me llevaran hasta allí, pero lo rechacé educadamente y, en su lugar, paré un taxi.Tras darle al conductor la dirección de mi hotel, saqué el móvil y llamé a Lila.Contestó de inmediato, como si hubiera estado esperando mi llamada, a pesar de que ya era bien pasada la medianoche y se acercaba la madrugada. «¡Chica! ¡Qué tardas!» siseó, sin importarle que prácticamente me estuviera gritando al oído. «¿Acabas de aterrizar? ¿No se suponía que tu vuelo duraba solo seis horas?»«Lo han cancelado».«¿Qué???» Esta vez su voz sonó aún más fuerte. «Entonces, ¿dónde demonios estás? ¿Has reservado con otra aerolínea?»«Más o menos…»«¿Qué quieres decir con “más o menos”?»«Bueno, me encontré con un hombre…»«¡Serena!», me interrumpió. «¿Qué demonios te había dicho sobre liarte con desconocidos?»No habían pasado ni veinticuatro horas desde que me dio ese consejo y ya me había liado con dos hombres. Estar soltera e
Serena Vale~•~Cuando Ralph por fin se apartó, me quedé sin aliento.Ralph se pasó el pulgar por el labio, como si no pudiera creer que acabara de besarme. «Perdona si te he pillado desprevenida». Su disculpa sonó poco sincera. Me miraba como si no le importara haberme pillado desprevenida. Me miraba como si quisiera volver a hacerlo.Antes de que pudiera responder, Nik intervino: «No parece que a ella le haya importado».Me sonrojé por completo al oír sus palabras, porque eran ciertas. No me importaba. No me importaba haber roto con mi prometido justo ayer. No me importaba estar en un jet con dos desconocidos guapísimos. No me importaba haber besado a uno de ellos. Solo quería dejarme llevar por una vez. Además, no era como si fuera a volver a encontrarme con ellos después de esto. La isla no era pequeña. Era muy posible que no volviéramos a vernos en lo que quedaba de viaje.—No le hagas caso —dijo Ralph, lanzando una mirada fulminante a su amigo.—No me importó —admití en voz baja
Serena Vale•El jet era la definición de caro. Los asientos de cuero en tonos crema y dorado no se veían cursis. Parecía sacado de una película. Hasta el aire olía a dinero.Ralph entró primero y me extendió la mano. La tomé sin dudar, dejando que me ayudara a subir los escalones.Mis ojos se fijaron inmediatamente en el hombre sentado junto a la ventana. Levantó la vista cuando entramos y parpadeó como si se sorprendiera de verme. No dijo nada, solo miró a Ralph.—Este es Nik, N-I-K, Nik —deletreó Ralph, respondiendo a la pregunta no formulada—. El amigo del que te hablé.—No somos amigos —negó Nik rápidamente. Su voz era más profunda que la de Ralph y, de alguna manera, la forma en que hablaba lo hacía sonar más serio que el otro hombre.Sin embargo, Ralph no se inmutó. —No le hagas caso. Sí lo somos. Nik, ella es Serena. Su vuelo se canceló.Él levantó una ceja como preguntando qué tenía eso que ver con él.—Va en nuestra misma dirección. Decidí invitarla.Nik asintió una vez. Su







