تسجيل الدخولSkylar estaba caminando rumbo a la casa de su amiga. Estaba apenas a un par de cuadras cuando un hombre se detuvo frente a ella impidiéndole el paso. Ella trató de esquivarlo, pero él se movió a la par que ella.
—Hola, hermosa. ¿Quieres un poco de compañía? —preguntó él mirándola de pies a cabeza.
No era la primera vez que se topaba con alguien como él y sabía que demostrar miedo era lo peor que podía hacer. Se giró para cruzar la pista, pero otro hombre detuvo su escape.
Sintió el miedo crecer dentro de ella, pero no dejó que la dominara. No tenía tiempo que perder. No había gente cerca, así que gritar por ayuda no parecía una idea sabia. No sabía si ellos tenían armas.
—Solo quiero irme a casa por favor, no me hagan daño —dijo con temor para que ellos no se dieran cuenta de que solo trataba de distraerlos.
Con sutileza movió su mano para llegar al gas pimienta que siempre cargaba con ella, pero él otro hombre fue más rápido que ella y la sujeto.
—Yo que tu no intentaría nada. —El segundo hombre la sujetó de las manos y las llevó hacia atrás.
El primero sacó un pañuelo de su bolsillo y se comenzó a acercarse hacia ella. Skylar no iba a dejarse llevar sin luchar. Con fuerza clavó el tacón en el pie del hombre que la tenía sujeta y en cuanto el lanzó un alarido y la dejó ir, salió corriendo por un costado. Pero apenas dio dos pasos cuando él otro la alcanzó de cabello y la hizo retroceder.
Esta vez no dudo en gritar, pero el cuchillo clavado contra su cintura la disuadió.
—Si intentas algo como eso otra vez, dañaré tu preciosa piel. —Él presionó el cuchillo contra ella; solo lo suficiente para causar algo de dolor—. ¿Entiendes, hermosa?
Asintió con la cabeza. No se estaba rindiendo, no todavía. Solo debía esperar otra oportunidad y la tomaría sin dudar.
Le colocaron el pañuelo en la boca y lo amarraron detrás en su nuca. Además, sujetaron su mano con una cinta de plástico con fuerza.
—Solo para que no escapes —dijo uno de ellos en su oído.
La empujaron hasta un auto negro de ventanas tintadas que estaba estacionado un poco más allá. Miles de pensamientos de lo que sucedería con ella la comenzaron a atormentar, pero no se dejó vencer por ellos. Tenía que salir de eso e iba a salir.
Se tragó el nudo en la garganta y se prohibió llorar. Necesitaba cada gramo de sus fuerzas si quería escapar.
Uno de los hombres entro junto a ella después de empujarla para que quedara recostada sobre el asiento y el otro se montó adelante. El que entró con ella le inyectó algo tan pronto subieron.
—¡Qué demonios! —maldijo, pero apenas se le entendió con la tela en su boca.
—Eso es para que este más dócil. No queremos que intentes alguna locura más tarde, podría molestar a quién se quede contigo y eso nos metería en algunos líos.
—Aunque hay algunos que les gustan luchadoras —comentó el conductor.
Los dos se rieron de ella como si fuera el chiste del siglo.
«¡Malditos idiotas!», pensó.
Durante el viaje trató de prestar atención a la ruta, le sorprendió que no le hubieran vendado los ojos; pero entendió mejor el motivo cuando llegaron a su destino. Ella conocía el lugar.
Estaban en el club de Laurie.
Entraron por una puerta diferente, pero ella todavía pudo reconocerlo.
La empujaron por algunos pasadizos haciendo algunos comentarios obscenos sobre su cuerpo. Skylar, sin embargo, estaba lejos de prestarles atención. Cada pasó que daba se volvía más y más pesados. Se sentía agotada y parecía que se iba dormir en cualquier momento. Entendió que era la droga que le habían inyectado.
No podía quedarse dormida. Si lo hacía estaba perdida.
Sacudió la cabeza una y otra vez tratando de despejar su mente, pero sentía que estaba perdiendo la batalla.
—Aquí está —dijo uno de los hombres cuando entraron a lo que debía ser una oficina. Su voz se escuchó como estuviera lejos cuando en realidad no estaba a más de medio metro de ella.
—Oh, hola querida. Es un gusto tenerte aquí.
Debido a que tenía los sentidos aturdidos, le tomó un tiempo relacionar esa voz a Laurie.
—¿Qué hago aquí? —preguntó arrastrando las palabras.
Nadie respondió a su pregunta.
—Siéntenla allí y quítenla todas esas cosas.
Después de eso las voces se desvanecieron y lo último que sintió antes de perder la consciencia fue una superficie blanda debajo de ella.
***
Skylar sacudió los brazos y piernas tratando de defenderse, aunque no podía estar segura de qué o quién. Solo sabía que debía luchar.
—No, no. Aléjense de mí —musitó.
—Skylar, tranquila. —Esa voz se le hizo conocida, pero no pudo recordar a quién pertenecía.
Estaba atrapada y no podía hacer nada más que luchar. Su respiración se aceleró y siguió moviéndose.
—Abre los ojos, cariño. Estás a salvo.
Algo de consciencia llegó por fin. Era Lily. Esa voz pertenecía a Lily.
—Es una pesadilla.
Skylar no recordaba cuando había sido la última vez que tuvo una pesadilla. A menudo bromeaba diciendo que era porque la vida en si misma resultaba más aterradora que un sueño.
Luchó para abrir los ojos, no fue nada fácil. Era como si alguien los hubiera pegado sus párpados.
—¡Demonios! —La intensa luz que la recibió cuando lo logró la obligó a cerrar los ojos de nuevos, pero volvió a intentarlo unas cuantas veces más hasta que se acostumbró.
La cabeza le dolía como el infierno y sentía la garganta seca.
—Es bueno que estés despierta.
La miró, ella estaba a un lado de su cama con el semblante lleno de preocupación. Miró alrededor y se dio cuenta que no estaba ni en su casa, ni en la de Lily; sino en una habitación de hospital. Había pasado bastante tiempo en el hospital como para saber lo parecidos que lucían todos, incluso los lujosos como en el que estaba.
—Vuelvo en seguida, iré por el doctor. —Su amiga no esperó una respuesta antes de marcharse.
Skylar no entendía que hacía en un hospital y al intentar recordar solo se le vino a la cabeza la imagen de un par de hombres y se tensó.
—Señorita Rogers, buenos días —saludó un hombre entrando a la habitación. La bata dejaba claro que era una doctora—. ¿Cómo se siente?
—Me duele la cabeza, me siento cansada y no sé qué me pasó.
—Son síntomas usuales después de recibir sedantes. Pasaran después de un tiempo, no se preocupe. Los recuerdos regresaran a usted en el transcurso del día conforme mejore.
—¿Me sedaron?
—Sí, no estoy al tanto de quién fue así que me temo que no hay mucho que pueda decirle al respecto.
Asintió.
El doctor la revisó y comprobó las pantallas de las máquinas a su lado.
—Todo parece estar bien.
—¿Puedo irme? —Los hospitales no eran sus lugares favoritos. Los odiaba.
El olor, las máquinas sonando, personas en batas… todo eso le traía malos recuerdos.
—La mantendremos en observación un par de horas más y si todo continúa bien se podrá ir a casa.
—Gracias.
Skylar esperó que el doctor se marchara para hablar con Lily.
—¿Cómo llegué aquí? —le preguntó a Lily en cuanto el doctor se marchó.
—Tu jefe te trajo.
Miró a Lily sorprendida. ¿Qué tenía que ver Dan en todo eso?
—Sí. Cuando no te localicé al celular me preocupé y no supe a quién más llamar. Él te encontró y te trajo al hospital.
Saber que ahora le debía algo a su jefe no era del todo alentador, aunque también se sintió agradecida.
—¿Dónde está ahora?
—Dijo que venía para aquí. Ayer se marchó de madrugada y me dijo que lo llamara, lo que acabo de hacer. Parece un sujeto agradable y muy diferente a lo que me imaginé.
Skylar ni siquiera se molestó por el hecho de que Lily no le había consultado antes de llamar a Dan. Se sentía demasiado agotada para eso. Era como si no hubiera dormido por un largo tiempo cuando en realidad eso era lo único que había hecho las últimas horas.
—¿Cuánto tiempo llevó inconsciente?
—Unas seis o siete horas. ¿No recuerdas lo que pasó?
Skylar cerró los ojos y trató de recordar, el dolor de cabeza se intensificó ligeramente; pero necesitaba recordar.
—Había un par de hombres cerca de tu casa —dijo cuándo algunas imágenes vinieron a su mente y luego fue relatándole las cosas que recordaba. Todo era borroso, pero al menos pudo recordar las partes más importantes.
—Así que fue ella. M*****a hija de pu…
—No estoy segura, creo que sí. Es como si mis recuerdos estuvieran envueltos en neblina.
—Tenemos que denunciarla.
—Hablemos de eso cuando me sienta mejor.
—Está bien, pero no puede quedarse así. Fue una suerte que tu jefe pudiera encontrarte a tiempo sino no quiero saber lo que habría pasado —Lily le contó todo lo que sabía.
No podía creer que Dan hubiera ido por ella.
—¿Le dijiste a mi padre sobre esto? —preguntó cambiando de tema.
—No, estaba segura que no te gustaría.
—Gracias.
Un par de golpes sonaron en la puerta y luego su jefe entró a la habitación. Al verlo recordó que creyó haber soñado con él en la inconsciencia probablemente no había sido un sueño.
El lucía muy bien para alguien que había estado en el hospital hasta la madrugada y que se había levantado temprano. Skylar, por otro lado, debía lucir como un completo desastre; no es que eso fuera de mucha importancia en ese momento.
—Buenos días —saludó él—. ¿Cómo te sientes? —Su preocupación parecía genuina.
Skylar ocultó las contradictorias emociones que la invadieron.
—Iré por algo de beber ahora que estás aquí —dijo Lily y salió dejándolos a solas.
—Como si alguien me hubiera drogado y hubiera pasado la noche en el hospital.
—Tomaré eso como un “bien”.
Los dos compartieron una sonrisa.
— Gracias por lo de anoche, Lily me dijo lo que hizo.
—De nada. ¿Recuerdas que sucedió?
No quería compartir con él lo que había pasado porque no quería verse aún más débil de lo que parecía al estar echada en una cama; pero él la había ayudado, así que al final optó por contarle lo mismo que a su amiga.
—Por cierto, ¿cómo supiste como encontrarme?
—Fue un golpe de suerte.
Los dos se quedaron en silencio sin saber que más decir y para su alivio Lily regresó en ese momento.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







