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Capítulo 15: Batalla de voluntades

Auteur: Joana Guzman
last update Date de publication: 2022-02-25 13:20:16

—Tengo que irme —dijo Lily apenas atravesó la puerta. Se acercó a Skylar con un gesto que dejaba claro que no quería dejarla allí—. El idiota de mi jefe necesita unos documentos. No entiendo su gusto por arruinar el fin de semana de los demás, solo porque él no tiene una vida fuera del trabajo.

Dan escuchó desde su lugar la interacción.

—Tranquila, no es necesario que te quedes, me las arreglaré. ¿Puedo quedarme en tu departamento al menos hasta la tarde?

—No tienes ni que preguntar. —Lily rebuscó en su bolso y luego sacó una llave y se la dio a Skylar—. ¿Segura que estarás bien?

—Sí, no te preocupes.

Lily asintió y luego abrazó a su amiga.

—Fue un gusto conocerlo, señor Harris —dijo ella dirigiéndose a él antes de marcharse.

—Usted también debería marcharse.

—Esperaré a que el médico te dé el alta. Mi nombre está en los documentos como contacto y podrían necesitar que firme algo. —No creía que fuera así.

Skylar no lució convencida, pero no le quedó más que asentir.

—¿Qué es lo que piensas hacer respecto a lo de ayer? —preguntó sentándose en el sillón disponible, no pensaba pasarse de pie hasta que el médico apareciera.

—Debería denunciar a Laurie, pero no estoy segura de lo que sea capaz. No pienso poner en riesgo a mi familia.

—Podría ayudarte.

—Ya hizo demasiado, no quiero sentirme más endeuda con usted.

Dan optó por no contarle que lo primero que había hecho esa mañana era hablar con un detective de la policía, amigo de su padre, dándole la información suficiente para que empezara a investigar. Conocía muy bien al hombre, era uno de los mejores y cuando tenía un objetivo no lo soltaba hasta llevarlo ante la justicia. Seguro tendría noticias de Laurie y sus negocios dentro de poco.

—¿Puede salir un momento?

Alzó la ceja ante su petición.

—Necesito usar el baño —aclaró ella.

—El doctor dijo que podría presentar mareos, no creo que dejarla a solas sea recomendable.

—No sabía que habías hablado con mi doctor —dijo con ironía.

Eso había sido lo primero que hizo en cuanto llegó al hospital, solo para comprobar que Skylar estaba bien.

—Adelante, puede levantarse —dijo sin responder.

Skylar se quedó quieta por algunos segundos, pero luego soltó un suspiro y se destapó. Dan mantuvo la mirada en su rostro en todo momento evaluando sus gestos, podía apostar que ella no pediría ayuda.

La vio sacar las piernas por un costado y jalarse la bata de hospital, antes de levantarse. Ella se tambaleó un poco cuando estuvo de pie. En cuestión de segundos estuvo a su lado y pasó una mano por su cintura para sujetarla.

—Mierda —musitó ella en voz baja—. Todo me da vueltas.

—Te tengo.

—Puede llamar a un enfermero, por favor.  

—Seguro que soy perfectamente capaz de hacer algo tan simple como servir de apoyo.

Skylar se la pensó solo un segundo y luego, sin decir nada más, comenzó a caminar. La habría llevado a volandas, pero no creyó que ella hubiera apreciado eso. La ayudó a entrar al baño y esperó que ella se sujetara del lavabo para salir, sin estar del todo seguro de dejarla.

Esperó no demasiado lejos a que ella terminara y cuando salió la ayudó a llegar a su cama.

Después de eso no paso mucho tiempo antes de que el médico viniera a revisarla.

—Puede irse —dijo él después de evaluarla—, pero alguien debe estar con usted al menos por el día de hoy. Podría sentirse cansada y mareada todavía y no queremos que algún accidente pase.

Skylar parecía desesperada por marcharse y asintió a todo lo que el doctor le dijo.

—Señor Harris, fue un gusto verlo —le dijo el doctor dándole la mano—. Salude a sus padres de mi parte.

—Así lo haré.

—¿Lo conoces? —le preguntó Skylar tan pronto quedaron a solas—. Claro que lo conoces.

Una enfermera entró y, después de saludarlos, le retiró todas las cosas a Skylar. Ella hizo un gesto de incomodidad cuando le retiró la endovenosa. Dan la dejó a solas con la enfermera para que se vistiera y fue por una silla de ruedas.

En el auto Skylar no se veía ni un poco contenta y él apenas se las arregló para ocultar su sonrisa. Había sido una batalla subirla a la silla de ruedas, pero aún más subirla a su auto. Era un hecho que ella estaba mejor; aunque todavía lucía algo pálida, su rebeldía estaba de regreso.

—Podía haber tomado un taxi, no era necesario que te molestaras —dijo ella.

No estaba seguro de si era porque estaba todavía bajo algún efecto de lo que le habían dado, pero ella no había dejado de tutearlo desde que llegó al hospital

—Con un “gracias” bastará —respondió imperturbable.

Nunca había conocido mujer tan orgullosa y obstinada en su vida. Las mujeres con las que solía estar siempre hacían todo lo posible por mantenerlo contento, algo que podía llegar a ser irritante.   

Ella no dijo nada hasta mucho tiempo después cuando se dio cuenta de que no la estaba llevando a la dirección que le había dado. La sintió girar la cabeza, pero mantuvo la mirada en la pista.

—¿A dónde me llevas? —preguntó Skylar.  

—A mi departamento.

—Estás loco. No hay manera de que yo vaya allí.

—Al parecer el que no estemos en la oficina te hace más libre para expresarte.

Ella no hizo el intento de disculparse, solo siguió mirándolo de brazos cruzados.

—Lléveme al departamento de mi amiga.

—El doctor dijo que podrías tener algunos mareos —dijo con practicidad.

—Sé lo que dijo. Estaba allí ¿recuerdas? Puedo cuidar de mi misma.

—No estoy seguro de que eso sea cierto.

—¿Cómo te atreves? Ellos era dos y yo solo una, además estaban armados.

—No hablaba sobre eso, no soy ningún ser despreciable, aunque usted parece creer que sí.

—Tu historial habla por sí solo.

—Yo estaba hablando sobre lo de esta mañana —dijo pasando por alto sus palabras por esa vez—. No puede quedarse sola. La llevaré a mi departamento donde podré asegurarme de que esté bien. A menos que tengas miedo a quedarte sola conmigo.

—¿Qué?

—No entiendo otra razón por la que te empecines en ponerte en peligro.

—No me estoy poniendo en peligro y definitivamente no tengo miedo a quedarme a solas contigo. Es solo que usted es mi jefe y no se vería muy bien que vaya a su departamento.

—Es bueno saber que no le da miedo, porque estaremos juntos todo el día. Y sobre lo de su reputación, no debe preocuparse. Usted es mi empleada y es comprensible que a veces necesite ir a mi departamento por cuestiones de trabajo.

Skylar al parecer se quedó sin argumentos porque no dijo nada más.

En cuanto estacionó el carro, lo rodeó para ayudarla a bajar. Abrió la puerta de Skylar y se inclinó para ayudarle a levantarse, pero ella lo fulminó con la mirada. Esta vez la dejó ganar y se hizo para atrás.

Skylar se bajó y se dirigió hacia el ascensor con toda seguridad.

«Mujer necia», pensó. Debía haberla dejado irse, no estaba pensando con claridad. Llevarla allí no había estado en sus planes esa mañana. Tampoco era ningún insensible como para abandonarla a su suerte.

Sacudió la cabeza y se puso a su lado.

En su departamento la dirigió directo a la habitación de huéspedes para que pudiera asearse y descansar.

—La habitación de huéspedes —dijo abriendo la puerta e invitándola a pasar—. En el baño hay toallas limpias y cepillos nuevos. Te traeré algo para que te puedas cambiar.

—Gracias.

Se fue a su habitación y buscó algo que pudiera prestarle. Escogió un pantalón de algodón con unas tiras en la cintura para que pudiera amarrárselo, también sacó una camiseta y un suéter.  

—¿Skylar? —llamó a su puerta cuando regresó con las cosas, pero los segundos pasaron y no recibió respuesta.

Abrió la puerta esperando que no se hubiera desvanecido, aunque era más probable que se hubiera escapado. El sonido de la ducha le dejó claro que ella seguía allí.

Caminó hasta la cama y dejó la ropa encima de ella. Luego fue hasta la puerta del baño y la llamó. Comenzó a preocuparse cuando no recibió una respuesta y agarró el pomo.

—¡Ni se te ocurra entrar!

—Bueno, está viva —murmuró antes de darse la vuelta.

Salió de la habitación y el sonido de la ducha le siguió hasta la cocina. O quizás era su vívida imaginación, la misma que lo llevó a imaginarse el cuerpo desnudo de Skylar mientras el agua se deslizaba acariciándola.

Su cuerpo comenzó a despertar ante la imagen y tuvo que forzarse a centrar toda su atención en lo que estaba haciendo.

Con una bandeja en mano caminó hasta la habitación de huéspedes y se las ingenió para tocar. A diferencia de la última vez, esta vez ella vino a abrirle.

En cuanto la vio se olvidó de por qué estaba allí. Skylar se veía demasiado seductora para su propio bien. Tenía el cabello húmedo hacia un costado mientras, sus mejillas estaban arreboladas y su ropa en ella se veía algo grande, pero espectacular.

—Debes comer algo. —Se las arregló para que su voz sonara igual que siempre—. Y luego deberías tratar de descansar.

—¿Por qué siempre todo lo que dices suena a una orden? Soy capaz de cuidar perfectamente de mí, ni siquiera era necesario que viniera aquí —refutó ella aun sujetando la puerta abierta.

Dejó la bandeja sobre la cama con cuidado, luego se volvió hacia ella y redujo el espacio que los separaba. Se inclinó hasta que sus rostros quedaron separados por apenas un par de centímetros. Skylar se mantuvo firme, pero hubo una ligera vacilación en sus ojos y eso lo hizo esbozar una sonrisa.

—Come, tigresa.

Salió de la habitación y cerró la puerta. Se marchó a su despacho para trabajar, aunque no estaba seguro de poder hacer mucho. Su cabeza estaba concentrada en otras cosas. Como lo bien que se había sentido el cuerpo de Skylar tan cerca dl suyo o lo difícil que había sido no besarla.

La mañana transcurrió sin ningún problema. Dan utilizó como distracción algunos documentos que tenía que revisar y casi se olvidó de Skylar recostada en una de las habitaciones de su cama.

Casi.

Tuvo que ir a revisar como estaba ella un par de veces y en ambas ocasiones no pudo evitar admirarla mientras dormía, antes de darse cuenta que eso era lo que un acosador haría y marcharse.

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