ANMELDENAnastasya bajó la mirada hacia la boca de él. Fue un movimiento breve, casi involuntario, pero Nikolai lo notó.Por una vez, no hizo ningún comentario, ella volvió a levantar los ojos y encontró en los suyos una pregunta que él no estaba formulando.—Nikolai.Él se quedó inmóvil por un instante.No abrió los ojos con sorpresa ni perdió aquella compostura, hubo una pausa en la que su expresión cambió lo suficiente para que ella supiera que lo había sorprendido.Anastasya casi nunca lo llamaba por su nombre.Volkov era una distancia segura. Krasávitsa, un juego que ambos conocían. Incluso los insultos le permitían mantenerlo en el terreno familiar de las provocaciones.Pero Nikolai...Nikolai sonaba distinto en sus labios.Más cercano y personal, como si durante aquel instante, no estuviera hablando con el Pakhan de los Volkov ni con el hombre que llevaba años desafiando, sino con el único al que había permitido acercarse lo suficiente para poner en peligro sus defensas.Él bajó la mir
Nikolai tomó su rostro suave y al mismo tiempo posesivo.Si él conseguía desarmarla, ella respondía con una amenaza, una burla o alguna frase afilada que le permitiera recuperar terreno.Esta noche seguía desafiándolo, por supuesto. Seguía mirándolo como si estuviera decidiendo cuál de los dos merecía salir victorioso de aquella habitación.Sin embargo, había algo diferente.No parecía tan interesada en ganar.—¿Qué ocurre, Krasávitsa? —preguntó con una sonrisa peligrosa mientras se posicionaba sobre ella—. ¿Se te acabaron las amenazas?—No te emociones, Volkov. Estoy considerando mis opciones.La dinámica entre ellos volvió después del sexo y eso la alivió.—Por supuesto. Siempre estás considerando tus opciones.—Alguien tiene que pensar por los dos.Nikolai soltó una risa baja. Después volvió a mirarla y la sonrisa se le desvaneció lentamente.—¿Y qué has decidido?Anastasya abrió la boca, preparada para responder con alguna provocación. Tenía varias a su disposición. Podía decirle
Nikolai no necesitó más, se incorporó sobre ella, el cuerpo grande y caliente la cubrió por completo. Anastasya sintió el peso de él, la dureza de su erección rozándole el vientre y un escalofrío de pura anticipación le recorrió la espalda. Él se apoyó en un antebrazo junto a su cabeza y con la otra mano guió su polla hasta su entrada con posesividad absoluta.—Mírame —ordenó con voz ronca.Anastasya mantuvo su mirada sobre él, sintiendo como Nikolai se colocaba entre sus piernas y sin preliminares suaves, la abrió de par en par mientras su polla le rozaba el clítoris ocasionando que un escalofrío la recorriera de pies a cabeza.Entonces se empujó dentro de ella de un solo embiste profundo y brutal.Anastasya gritó. El estiramiento fue intenso, profundo y brutal, pero el placer llegó inmediatamente después, caliente y devastador, un gemido se escapó de su garganta sin poder evitarlo.Clavó sus uñas en sus hombros mientras lo miraba con ojos entrecerrados de deseo.—¡Ah... m****a!—S
Nikolai la cargó por el pasillo de la mansión sin detenerse. Anastasya tenía las piernas enredadas en su cintura y los dedos clavados en sus hombros. El beso no se rompió ni cuando él empujó la puerta de la habitación de ella con el pie y la tiró sobre la cama de terciopelo oscuro que Anastasya conocía de memoria.Ella rebotó ligeramente contra el colchón sin dejar de mirarlo pero antes de que pudiera incorporarse, él ya estaba casi encima, arrancándole las botas de un tirón.—Quítate la ropa —ordenó con voz ronca—. Ahora.Anastasya soltó una risa corta, casi desafiante, mientras él se quitaba la camisa mostrando su cuerpo perfecto al que se había hecho adicta.—¿Órdenes en mi propia cama, Volkov? Al parecer no valoras tu vida.—Joder, Krasávitsa —gruñó él bajando la cremallera de su pantalón—. Esta noche no voy a ser paciente. Esta noche te voy a follar en tu propia casa, voy a hacerte olvidar todas las respuestas ingeniosas que tienes preparadas para mí y hacer que todo lo que pued
Ella acababa de llegar del sótano, todavía con rastros de sangre seca en los nudillos y el cabello recogido en una coleta alta que dejaba libre su nuca.Hacía tiempo no iba a su mansión desde que estaba viviendo en el lugar de Nikolai, pero después de lo que habían hablado ese día, por un motivo que ella conocía muy bien pero no quería pronunciar en voz alta, había vuelto.Nikolai estaba de pie junto a la ventana grande que mostraba su jardín con las manos metidas en los bolsillos, observando la oscuridad exterior. —¿Vas a quedarte ahí toda la noche como un perro guardián o vas a sentarte? Te advierto que después de la traición de mi hombre no tengo humor para las visitas —dijo ella sin girarse sirviéndose un vaso de ginebra.—Prefiero estar de pie —respondió él clavando su mirada en ella de una manera peligrosamente intensa—. Así puedo verte mejor. Y ya suponía lo de las visitas, solo que yo no soy como los demás.Anastasya soltó una risa corta y seca.—Qué romántico, casi me haces s
Nikolai se acuclilló frente a Popov su sonrisa burlona aún seguía en sus labios pero sus ojos estaban fríos como nunca antes lo había visto Anastasya y ella sospechaba que bajo esa capa gélida había algo mucho más peligroso.El hombre escupió sangre al suelo y soltó una risa ronca.—Tú... el niño mimado de los Volkov. Pensé que tardarías más en encontrarme.—Niño mimado —repitió con desdén—. Todo lo que tengo me lo he ganado a pulso, no por mi apellido pero eso lo sabes y no es por lo que estamos aquí.Nikolai clavó un cuchillo en su mano que hundió hasta el hueso clavándolo a la tierra haciendo que Popov soltara un alarido de dolor.Anastasya dio un paso adelante con su arma aún en la mano y su mirada afilada.—Habla. ¿Quién te ordenó vigilarme? ¿Quién te dio acceso a mi habitación hace años? Más te vale que confieses ahora, hijo de perra.Popov levantó la cabeza y la miró casi con desesperación al escuchar su voz.Había algo enfermizo en sus ojos cuando se posaron en ella.—Tú... si







