Matteo Romano llegó a las tres y cincuenta y siete.Tres minutos antes. Lo cual le indicó algo de inmediato. Un joven que desconocía lo que le esperaba habría llegado tarde... dando vueltas, dudando, buscando excusas para demorarse. Matteo Romano cruzó las puertas de la finca a las tres y cincuenta y siete con la gran bolsa al hombro y la particular postura erguida de alguien que, en el tren, había decidido que, pasara lo que pasara, no se inmutaría.Ella lo observó a través de la cámara de seguridad desde el estudio.Lorenzo estaba detrás de ella.Ninguno de los dos habló por un instante.La cámara mostraba a un joven que no se parecía en nada a Cosimo. Mientras que Cosimo era corpulento y poco memorable, Matteo era delgado y de rasgos afilados, con ojos oscuros que recorrían la entrada de la finca como los ojos de un arquitecto recorren un edificio... leyendo la estructura, leyendo la proporción, leyendo lo que se esconde bajo la superficie.Esos ojos eran los de Cosimo. Todo lo de
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