Me quedé parada frente al estante, con los brazos pegados al cuerpo, sin atreverme a tocar ni un solo lomo. Los cuatro libros estaban ahí, uno junto al otro, con sus letras doradas brillando bajo la luz fría de la ventana, y aunque una parte de mí moría por abrir Jane Eyre y oler las páginas, la otra no quería darles el gusto de verme sonreír. —Pensamos que te gustarían —dijo Kai, a mi espalda, con una voz tan baja que parecía temer romper algo—. Hay muchos más en los estantes de arriba. Si falta alguno, solo dinos y lo conseguimos. —No voy a darles las gracias por esto —murmuré, sin voltear. —No te lo pedimos —respondió Kael, y lo dijo sin enojo, como quien constata un hecho—. La biblioteca es tuya, Mila. Puedes venir cuando quieras, a la hora que quieras, y quedarte todo el tiempo que necesites. Giré la cabeza para mirarlo. Estaba recargado contra el marco de la puerta, con las manos metidas en los bolsillos y esa quietud suya que me ponía los pelos de punta, aunque esta vez no e
Last Updated : 2026-08-26 Read more