Sophia Reynolds apenas durmió en toda la semana.Todas las noches se tendía junto a su marido, mirando el techo, el cuerpo ardiéndole de vergüenza y de un deseo prohibido. La voz del Dr. Kane le resonaba en la mente: profunda, autoritaria, sucia. El recuerdo de sus dedos y su lengua entre los muslos la hacía apretar las piernas en la oscuridad, la culpa y la excitación luchando dentro de ella.Se dijo que no volvería. Y sin embargo ahí estaba, sentada en la misma sala de espera, el corazón desbocado, los muslos ya húmedos.—¿Señora Reynolds? El Dr. Kane ya puede atenderla.Sophia siguió a la enfermera con las piernas temblorosas. En el momento en que pisó la sala de exploración, el aire se sintió más espeso.El Dr. Alexander Kane estaba junto a la ventana con la bata blanca, viéndose todavía más imponente que la vez anterior. Los ojos verdes se le clavaron al instante, oscuros de hambre y de control.—Cierre la puerta, Sophia —dijo, la voz baja y autoritaria.Obedeció; el clic suave s
Last Updated : 2026-09-05 Read more