El cirujano llegó en diecisiete minutos y trabajó en silencio, con la eficiencia de quien conoce de sobra a la familia Valerius y sus excentricidades.Yo lo vi todo a través de una niebla tibia. La anestesia local, el brillo de la aguja, la luz blanca sobre el brazo. Y a Christopher, de pie junto a la cama, con la camisa manchada y los brazos cruzados, sin apartar los ojos de cada punto.—Herida limpia —dijo al fin el doctor, quitándose los guantes—. Entró y salió sin tocar el hueso. Ha perdido mucha sangre, así que reposo absoluto y vigilancia durante las próximas horas. Hay que revisar el vendaje cada seis.—Yo me encargo.—Señor Valerius, podemos enviar una enfermera…—Yo me encargo.El doctor miró a Christopher, después a mí, y decidió, con una sabiduría que le envidié, que no era su hora de discutir. Recogió su maletín y se fue.Quedamos solos en la suite. El sol de la tarde se colaba por las cortinas y llenaba la habitación de una luz dorada, casi cruel en su belleza. Me habían
Zuletzt aktualisiert : 2026-11-02 Mehr lesen