Cuarenta minutos. Llevaba cuarenta minutos frente al espejo, con las manos enguantadas sobre la falda, contando los segundos que no existían.El vestido pesaba. Me lo había probado tres veces en el taller, y siempre me había hecho sentir que flotaba. Ahora me hacía sentir de plomo, como si alguien hubiera cosido piedras al dobladillo solo para recordarme que el suelo existe.—¿Camila? —la voz de Valeria llegó desde la puerta, temblorosa, demasiado alta para ser natural—. Ya, ya están todos.—Ya sé.—El padre Juan preguntó dos veces si——Ya sé.No la culpaba. Nadie sabía qué decir cuando el novio llevaba cuarenta minutos sin aparecer en su propia boda. Los invitados murmuraban en el patio. Los había oído desde el camerino: *"¿Y Ricardo?"*, *"¿Alguien lo ha visto?"*, *"Qué vergüenza"*. Voces bajas, cuchicheos de mantel y copas.Yo miraba mi reflejo y ensayaba la sonrisa que iba a poner cuando él entrara. Una sonrisa que dijera: *llegaste tarde, idiota, pero llegaste*.La sonrisa nunca l
Zuletzt aktualisiert : 2026-10-30 Mehr lesen