Recuerdo claramente la primera vez que vi un capítulo entero de «Get Smart» y quedé prendado de la dinámica entre los protagonistas. Barbara Feldon interpretaba a Agente 99, la compañera ideal de Maxwell Smart: inteligente, eficiente y con un aura de misterio contenido que la hacía aún más atractiva. Ella aportaba sobriedad a la comedia absurda del programa, y a menudo era quien sacaba las situaciones adelante pese al caos que provocaba el héroe. Me gusta analizar cómo su personaje rompía estereotipos: enseñaba que una mujer podía ser la pieza clave en una trama de espionaje sin necesidad de caricaturizarla. Esa mezcla de encanto, competencia y discreción es lo que más me queda de su actuación en «Get Smart».
Me resulta fascinante cómo ciertos personajes se quedan en la memoria colectiva, y Agente 99 es uno de esos casos.
Barbara Feldon fue la actriz detrás de Agente 99 en «Get Smart». Su 99 era discreta pero formidable: resolvía situaciones con más calma y astucia que el propio Maxwell Smart, y eso le dio un matiz interesante al humor de la serie. Lo que me atrae es que su personaje no se definía solo por la relación romántica; tenía agencia, habilidades y sentido común, algo poco habitual en muchas comedias de los sesenta.
Cada vez que veo clips, valoro su timing cómico y la elegancia en la interpretación; es fácil entender por qué la recuerdan con tanto cariño.
Mi lado más crítico disfruta cuando una serie equilibra comedia y personajes bien construidos, y en «Get Smart» eso ocurre gracias en buena parte a Agente 99.
Barbara Feldon interpretó a Agente 99, un rol que hoy se reconoce como adelantado a su tiempo: astuta, profesional y con un humor contenido que complementaba la torpeza del héroe. La interpretación de Feldon no buscaba eclipsar, sino complementar: daba credibilidad a las misiones y, sobre todo, ofrecía una figura femenina con recursos propios dentro del género. Esa combinación de encanto y competencia es lo que me deja una impresión duradera cada vez que vuelvo a ver algún episodio.
No puedo dejar de sonreír al pensar en la dupla de espías de «Get Smart» y en cómo Agente 99 complementaba todo.
Barbara Feldon dio vida a Agente 99, y su interpretación añadió sofisticación y sentido común a la serie cómica. Mientras que Maxwell Smart era el caos, 99 funcionaba como ancla: resolvía situaciones, mantenía la misión y mostraba una calma que contradecía la torpeza del protagonista. Ese contraste era la base del humor, pero también mostraba respeto por el personaje femenino, que no se limitaba a un adorno.
Personalmente, me encanta verla porque demuestra que la comedia inteligente puede incluir personajes femeninos complejos y memorables.
Tengo un cariño especial por las comedias de espías clásicas y «Get Smart» siempre me saca una sonrisa.
Barbara Feldon interpretó a Agente 99 en la serie «Get Smart». En la pantalla era inteligente, serena y con una presencia que equilibraba muy bien la torpeza hilarante de Maxwell Smart; su química con Don Adams era parte clave del encanto del show. 99 no era solo un interés romántico: muchas veces ella era la que resolvía problemas y mantenía las misiones en pie, mostrando una versión femenina del héroe que resultaba moderna para la época.
A mí me gusta pensar que su papel ayudó a cambiar cómo se veía a las mujeres en la comedia de acción: competente, elegante y con recursos propios. Al final, su interpretación sigue siendo un icono de la televisión clásica y se recuerda con cariño.
2026-07-20 03:24:30
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—Esa heredera Moretti, la loca de la casa principal, sigue paseándose como si fuera la Donna de la familia Valenti.
Enzo se masajeó el puente de la nariz.
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Suspiró con desprecio antes de sentenciar con frialdad:
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Yo ya estaba a punto de abrir la puerta para interrumpirlas cuando otra, entre risas, remató:
—Faltan papeles. Las facturas no están en regla. Sin la firma del director no se puede pagar. ¡Ya nos sabemos de memoria sus frases de siempre; puro teatro!
Cuando se fueron, regresé en silencio a mi oficina.
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—No vayas a buscar cualquier pretexto para negarles el reembolso otra vez.
Eché un vistazo a las facturas falsas y, por primera vez, no las cuestioné.
Esta vez, sonreí apenas:
—Me duele la cabeza; no logro leer bien la letra.
En medio de la fiesta, mi hija, Adriana Gallardo, le dijo a mi esposo en voz alta, con toda intención:
—Papá, Juana espera un hijo tuyo. Entonces, ¿vamos a vivir con ella desde ahora?
Mi esposo, Fidel Gallardo, puso frente a mí el bistec que acababa de cortar y dijo en voz baja:
—Tu mamá y yo hicimos un trato. Si alguno de los dos traicionaba al otro, desaparecería para siempre del mundo del otro. Yo no puedo pagar ese precio. Por eso lo he ocultado tan bien. Cuando el bebé nazca, tampoco dejaré que Juana ni el bebé se acerquen jamás a tu mamá.
Después de decirlo, me dijo por señas que me amaría para siempre.
Pero no notó que mis ojos ya estaban enrojecidos.
No sabía que, una semana atrás, yo ya había recuperado la audición.
Tampoco sabía que yo ya había descubierto su aventura con Juana.
Y mucho menos sabía que, a espaldas de todos, yo ya había comprado un boleto de avión para irme como voluntaria a dar clases a niños de una comunidad vulnerable.
Solo estaba esperando que los documentos quedaran listos en siete días.
Entonces desaparecería por completo.
Me encanta recordar cómo algunas carreras cambian de rumbo después de un hit tan grande como «Get Smart». Yo creo que Barbara Feldon no desapareció; más bien se diversificó. Tras el éxito de la serie, siguió trabajando en televisión pero ya no como protagonista fijo: hizo numerosos papeles de invitada en series y apariciones en programas de variedades, además de participar en teatro y en publicidad.
Recuerdo haber leído entrevistas donde hablaba de disfrutar esa libertad: poder elegir proyectos puntuales, volver al teatro y dedicar tiempo a otras facetas creativas. También participó en reuniones y proyectos vinculados a la serie original, incluyendo una reunión televisiva que trajo de vuelta la nostalgia de «Get Smart». Al final se quedó como alguien asociada para siempre a Agent 99, pero con una carrera post‑serie más variada y menos encasillada, lo que a mí siempre me pareció un movimiento inteligente y bastante humano.
Recuerdo con claridad haber escuchado varias historias divertidas y tiernas que Barbara Feldon contó sobre el rodaje de «Get Smart». En distintas entrevistas y charlas públicas ella compartió anécdotas que iban desde lo cotidiano del set hasta momentos cómicos inolvidables. Uno de los relatos más recurrentes es el de la famosa «Cono de silencio»: solía contar cómo esa invención del show era un desastre técnico que generaba más risas que tensión porque casi nunca funcionaba como planeaban, y cómo Don Adams y ella improvisaban para sacar partido a la situación.
También habló con frecuencia de la química entre el reparto y los creadores —Buck Henry y Mel Brooks—, de la libertad que tenían para jugar con los diálogos y del sentido del humor que impregnaba cada toma. Contó episodios sobre utilería que fallaba en el último minuto, disfraces que complicaban la acción y pequeñas bromas de camaradería entre compañeros. Su tono era a la vez seco y cálido, con un humor interior que hacía que sus recuerdos se sintieran auténticos.
Al final, lo que más me quedó es su cariño por el personaje de la agente 99 y por ese equipo humano que convirtió a «Get Smart» en un clásico; sus anécdotas no solo entretenían, sino que mostraban respeto por el oficio y por la comedia bien hecha.
Me encanta recordar a las actrices que marcaron una época y Barbara Feldon es una de ellas: su Agente 99 en «Get Smart» tuvo un impacto enorme en la comedia televisiva de los años sesenta.
Fue nominada a premios Emmy por ese papel —recibió dos nominaciones por su trabajo en la serie— pero no llegó a ganar un Emmy. Eso no le quita mérito: en una época en que los personajes femeninos inteligentes y con chispa eran menos comunes, su desempeño destacó y quedó en la memoria de la gente.
Personalmente, siempre he pensado que esas nominaciones reflejan cómo su trabajo fue reconocido por la industria, incluso si la estatuilla no llegó. Me quedo con la fuerza del personaje y la manera en que Feldon rompió esquemas con humor y elegancia.
Me viene a la mente la imponente figura de Miss Ellie cada vez que recuerdo las sobremesas familiares frente a la tele.
Yo vi «Dallas» cuando era joven y lo que más me marcó fue la presencia tranquila y autoritaria de Barbara Bel Geddes como Eleanor 'Miss Ellie' Ewing. No era la villana ni la heroína llamativa: era la matriarca que sostenía la casa, la que moderaba los choques entre J.R. y Bobby con una mezcla de ternura y firmeza. Esa calma con matices fue lo que la convirtió en el rostro más reconocible de la serie.
Además de su voz grave y su mirada comprensiva, lo que más me impactó fue cómo su personaje daba coherencia a la trama: sin Miss Ellie, la rivalidad por la fortuna y las intrigas familiares habrían perdido su ancla emocional. Barbara tuvo que ausentarse una temporada y volvió, y esa interrupción solo mostró cuánto dependía la serie de su presencia. Para mí, su papel en «Dallas» es un ejemplo de actuación silenciosa pero poderosa que aún perdura en la memoria televisiva.