No puedo evitar sonreír cuando pienso en cómo Jameela ha usado la moda más como megáfono que como negocio directo: en mi experiencia observando celebridades, ella tiende a colaborar puntualmente con diseñadores y marcas para eventos y campañas, pero no se le conoce por tener una línea propia de ropa. He visto cómo suele aparecer en alfomras rojas y portadas apoyando a diseñadores que encajan con su
mensaje, y muchas de esas apariciones se sienten más como alianzas creativas que como contratos comerciales a largo plazo.
En varios momentos he seguido sus entrevistas y publicaciones, y lo que destaca es que prioriza valores: prefiere marcas que no promuevan estándares dañinos y que sean respetuosas con
el cuerpo y el medio ambiente. Eso la ha llevado a apoyar proyectos de moda sostenible y tallas inclusivas, y a colaborar con campañas puntuales donde su voz es el foco, más que la venta masiva de un producto.
En resumen, diría que sí ha colaborado con el mundo de la moda, pero de forma consciente y selectiva. No es tanto una empresaria de moda con su propia marca, sino una figura pública que aprovecha las colaboraciones para transmitir
principios que le importan, y eso me parece mucho más interesante que una simple etiqueta con su nombre.