Me llamó la atención cómo cambió su papel tras dejar la cúspide de Disney/Pixar: John Lasseter no desapareció del mundo de la animación, sino que se reincorporó a la industria desde otro frente. Después de su salida de Disney/Pixar en 2018, efectivamente comenzó una nueva etapa al unirse a Skydance Animation en 2019, donde asumió funciones ejecutivas y creativas. Allí trabajó con equipos diferentes, impulsó contrataciones y ayudó a dar forma a la dirección creativa de varios proyectos, así que sí, volvió a colaborar con otros estudios, aunque no regresó a sus antiguos empleadores en Pixar o Disney.
Como fan que ha seguido películas como «Toy Story» y «Cars», verlo en Skydance me generó sentimientos encontrados: por un lado parecía positivo que alguien con tanta experiencia siguiera aportando al medio; por otro, la polémica sobre su conducta pasada dejó una sombra que afectó la recepción de su regreso. En la práctica su trabajo en Skydance fue más ejecutivo que el rol de director estrella que tuvo en sus años dorados, y eso cambió la naturaleza de su colaboración con otros equipos.
En resumen, sí volvió a colaborar dentro de la industria, principalmente a través de Skydance Animation, y su retorno reabrió discusiones sobre liderazgo, cultura laboral y segundas oportunidades en el mundo de la animación.
He seguido la noticia con curiosidad y un ojo crítico: después de salir de Disney en 2018, John Lasseter efectivamente retomó actividad colaborando con otros estudios, sobre todo al integrarse a Skydance Animation en 2019. Mi lectura es que su papel dejó de ser el de figura pública omnipresente y pasó a algo más ejecutivo y detrás de cámaras, pero su influencia fue real: participó en el desarrollo de proyectos, en el reclutamiento de talento y en la orientación creativa de la nueva compañía.
No voy a negar que la llegada de alguien tan emblemático provocó reacciones mixtas. Algunos profesionales se distanciaron; otros vieron una oportunidad para aprender de su trayectoria técnica y de gestión. Como alguien que ha trabajado en equipos creativos, me parece que la colaboración existió, pero con matices: fue productiva en términos de experiencia y networking, y complicada en términos de reputación y alineamientos culturales. Así que sí, volvió a colaborar, pero no de la misma forma que antes y sin volver a Pixar o Disney.
Sí, su regreso al panorama no fue regresar a Pixar ni a Disney, sino reincorporarse a la industria desde otro lugar: John Lasseter se unió a Skydance Animation tras su salida en 2018, lo que le permitió colaborar con nuevos equipos y proyectos fuera de sus antiguos estudios. En mi opinión esa etapa mostró que podía aportar experiencia técnica y visión, pero también evidenció la polarización entre quienes aceptaron su integración y quienes prefirieron alejarse por las controversias previas. En definitiva, volvió a colaborar con otros estudios, sobre todo con Skydance, y lo hizo en un rol más ejecutivo y menos mediático, dejando una huella que mezcla aportes creativos y debates sobre cultura laboral.
2026-07-22 02:18:37
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Regreso a Hace Diez Años
Luna Vidal
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Después de la muerte de su amada, Leandro Fuentes me odió durante diez años.
Intenté acercarme a él de todas las formas posibles, pero él solo me lanzaba una sonrisa helada.
—Si de verdad quieres agradarme... mejor muérete.
Aquella frase me atravesó el pecho como una daga. Pero el día que un camión se lanzó contra mí, fue él quien dio su vida para salvarme, muriendo en un charco de sangre.
Antes de cerrar los ojos para siempre, me miró profundamente y dijo, con voz entrecortada:
—Si tan solo... nunca te hubiera conocido.
En el funeral, la madre de Leandro, doña Eugenia, se aferraba a su retrato mientras las lágrimas le nublaban la vista.
—¡Yo debí dejarlo estar con Clarisa! ¡Nunca debí forzarlo a casarse contigo!
Su padre, don Ernesto, me fulminó con la mirada, y, con la voz cargada de rabia, añadió:
—¡Leandro te salvó tres veces! ¡Era un hombre excepcional! ¡¿Por qué no moriste tú en su lugar?!
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Tres años después, un avance científico rompió las barreras del tiempo: se creó una máquina capaz de llevarnos al pasado.
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En el instante en que explotó el laboratorio, Leonardo González corrió desesperado hacia la zona más alejada, donde se encontraba Victoria López, y la protegió con su cuerpo sin dudarlo.
Cuando cesó la explosión, lo primero que hizo fue cargarla en brazos al hospital.
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Pero ya no quiero casarme.
Ya no.
En mi cumpleaños, me desmayé en casa, sola, durante más de dos horas.
Mi Alfa, Augustus Brock, se llevó a nuestro cachorro y fue a un parque de diversiones con Christine Terra, quien acababa de romper su vínculo de compañeros. Alguien les tomó fotos, y las imágenes se volvieron virales en redes sociales.
[El Alfa de la Manada Brock disfruta de una dulce salida familiar con su compañera y su heredero. ¡El rostro de su Luna se revela por primera vez!].
En la foto, Augustus sostenía a nuestro cachorro con un brazo mientras rodeaba con el otro a la mujer a su lado.
Mi cachorro, Ethan Brock, que siempre había sido un maniático del orden y nunca me dejaba tocarlo, le había dado un beso a esa misma mujer en la mejilla. Él sonreía de oreja a oreja.
Mientras tanto, yo yacía en el suelo. El resplandor áspero de la pantalla de mi teléfono me lastimaba los ojos.
Entonces escuché la voz de Augustus a través de nuestro vínculo mental.
«Iré a celebrar tu cumpleaños contigo cuando se llegue la fecha. Christine acaba de romper su vínculo de compañeros y no está de buen humor. La estoy sacando para animarla. Deja de hacer una escena».
Justo después, la voz de Ethan siguió a través del vínculo mental.
«¡Mamá, quiero que Christine sea mi nueva mamá! A partir de ahora, es suficiente con que me visites una vez al mes. Si vienes demasiado seguido, a ella no le va a gustar».
Mi teléfono vibró.
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Mi hermana menor, Sophie Sawyer, quedó embarazada antes del matrimonio, dio a luz a un niño en una pequeña clínica y luego desapareció.
El doctor usó la dirección que ella dejó para encontrar a mi familia y me entregó al niño.
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Mi sobrino cortó lazos conmigo sin dudarlo, eligiéndola a ella por encima de mí. Mis padres me echaron de la casa.
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En el momento en que entré en la oficina de mi hermana, un pasante, Ethan Irwin, se interpuso rápidamente en mi camino.
—¿Eres el nuevo asistente?
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—¡Es tu primer día de trabajo y ya estás tratando de hacer puntos con la señora Judd! ¿Por qué no te miras al espejo para ver lo patético que eres?
Solo entonces me di cuenta de que Ethan me había confundido con un rival amoroso.
Pero el caso era que Celeste nunca me había dicho que tuviera novio. Estaba a punto de explicarle la verdad a Ethan cuando sentí que su puño se estrellaba contra mi cara.
—¡Yo soy el único asistente que necesita la señora Judd! ¡Olvídate de ser su novio!
—¡Pensar que a tu edad ya estás planeando convertirte en un mantenido y seducir a mujeres ricas! —exclamó Ethan mientras me jalaba del cabello y derramaba agua hirviendo sobre mi cara—. ¡Te voy a dar una lección en nombre de tus padres!
Lo único que pude hacer fue acurrucarme en el suelo, hecho bolita. Con torpeza, usé mi cuerpo para proteger el sobre de documentos.
Mis acciones enfurecieron a Ethan a más no poder. Me arrebató el archivo y lo hizo pedazos frente a toda la empresa.
—¡Señora Judd, no cabe duda de que su nuevo asistente es un atrevido por intentar seducirla! —le dijo a Celeste en tono adulador—. ¡No se preocupe, porque ya le di una lección!
El día de la sentencia, mi prometido Diego González me tomó de la mano, sollozando, y me pidió que dejara de defender mi inocencia y firmara un acuerdo de culpabilidad.
—Clara, sé que tú no hiciste nada… pero Isabella está esperando un hijo mío. No puedo permitir que ella vaya a la cárcel. Hazlo por tu bien, por favor —suplicó, con lágrimas que le empañaban la mirada.
Sin dudarlo ni un instante, firmé el acuerdo.
En mi vida anterior me negué a cargar con la culpa de Isabella García y, por eso, no solo terminé tras las rejas: la furia de Diego envió gente a torturarme hasta dejarme estéril.
Esta vez me propuse complacerlo.
A la mañana siguiente, los noticieros reventaron con la primicia de que yo había robado secretos comerciales de la Corporación López. Para colmo, Isabella se presentó como testigo.
—Sí, fue ella; la vi con mis propios ojos infiltrarse en la compañía —declaró ante las cámaras.
Pero aquella tarde, cuando inició la audiencia, el demandante Santiago López, director general de la corporación, retiró la acusación. Bajo la mirada atónita de la prensa, sacó un anillo, se arrodilló y me preguntó:
—Clara, ¿en esta vida aceptarías casarte conmigo?
Recuerdo la oleada de noticias que sacudió al mundo de la animación y cómo cambió mi forma de mirar detrás de escenas. John Lasseter, una figura clave en «Pixar» y en la animación moderna, fue acusado de comportamientos que muchas personas consideraron inapropiados: abrazos no deseados, comentarios y gestos que hicieron sentir incómodos a colegas. La prensa y empleados contaron experiencias y Disney abrió una investigación interna; él pidió disculpas públicamente, reconoció sus errores y tomó una licencia, y finalmente dejó sus cargos en Disney en 2018.
Lo que me dolió fue ver el contraste entre su legado creativo y las consecuencias personales que sufrieron quienes se sintieron vulnerados. Hubo voces que defendieron su trayectoria artística y otras que pedían mayor rendición de cuentas y cambios culturales en los estudios. Más adelante, su contratación por otra compañía reavivó el debate sobre segundas oportunidades y seguridad en el trabajo. Personalmente, sigo valorando muchas películas que disfruté gracias a su trabajo, pero también creo que abrir esos temas permitió que se hablaran problemas serios en entornos creativos. Me quedo con la sensación de que reconocer el daño es solo el primer paso: hace falta acción sostenida para mejorar el ambiente laboral.
Recuerdo la sensación de ver «Toy Story» en el cine y pensar que todo lo que conocía sobre animación había cambiado. Yo viví esa transición de cerca como fan que coleccionaba posters y hacía maratones de películas: lo que hizo John Lasseter no fue solo llevar los ordenadores a la sala de animación, sino poner el foco en el personaje y la emoción. Su insistencia en que la tecnología fuera una herramienta al servicio del cuento moldeó cómo se piensa la animación moderna: cámaras que se mueven como en cine real, acting de personajes que antes se reservaba a actores humanos, y guiones que privilegiaban la empatía sobre los trucos visuales.
Además, en mi memoria quedó su sello en títulos como «Bichos», «Toy Story» y «Cars»: cada proyecto empujó límites técnicos pero mantuvo una estética accesible, con personajes reconocibles y diseños claros. Eso generó un lenguaje visual que muchos estudios replicaron: framing cinematográfico, ritmo cómico basado en actuación, y personalidad traducida en poses y silhouettes. No todo vino de él, claro, y la evolución técnica también siguió por otros caminos, pero su influencia es evidente en la forma en que hoy se hacen franquicias y se cuidan los personajes.
Sé que su legado no es solo positivo; hubo controversias que complican la lectura histórica y que también han cambiado culturas internas de los estudios. Aun así, cuando miro animación contemporánea veo rastros de esa apuesta por el cuento, la performance y la accesibilidad, y en lo personal me sigue emocionando cómo una idea bien contada puede sobrevivir a cualquier formato.
Me interesa mucho cómo se reconoce a la gente detrás de las películas que nos marcaron, y John Lasseter es un ejemplo clásico de eso. Llevo años siguiendo la historia de Pixar y, desde mi punto de vista de fan cuarentón que colecciona DVDs y lee entrevistas, puedo decir que sí: Lasseter ha recibido reconocimiento oficial por su trabajo en animación. El dato más conocido es que la Academia le otorgó un premio especial por «Toy Story», reconocimiento a la innovación que supuso llevar una película larga totalmente en animación por computadora. Eso puso en relieve su papel pionero en la industria.
Además, muchas de las películas en las que participó como director, productor o figura creativa —como «Toy Story», «Toy Story 2», «A Bug's Life» y otras— obtuvieron premios y nominaciones en distintos certámenes, incluidos los Premios Annie (que son los premios de la animación) y varios galardones en festivales y asociaciones. No siempre todos los premios los recogió él en persona, pero su influencia en esos proyectos quedó reflejada en los trofeos que ganaron.
En lo personal, lo que más me impacta no es solo la vitrina de estatuillas, sino la huella cultural: que «Toy Story» cambiara lo que esperábamos de una película infantil y que tantas de las producciones con su sello sigan siendo referentes. Para mí, los premios son una confirmación externa, pero la verdadera prueba está en cuánto siguen emocionando sus películas hoy.