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Seducción caprichoso Short Stories & Novels

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La Ninfa de la Carretera Maldita - caprichoso novels & stories
Mangonel
—Déjeme ver quién la tiene más grande, usted o mi novio. Mientras manejaba el tráiler por la carretera de la sierra, una pareja joven me pidió que los llevara. La mujer se veía tan provocadora que no pude contenerme y se me marcó el bulto. Para mi sorpresa, resultó ser tan atrevida que quería medírmelo con la mano para ver qué tan grande la tenía. Y lo que más me encendió fue que el novio quería que ella me pagara el aventón con su cuerpo.
Chiquita Pero Tragona - caprichoso novels & stories
Hombre Sucio
—¡Ay, qué duro!... como que ya te urgía, ¿no? Esa noche de San Valentín, mi amigo, su esposa y yo regresábamos al pueblo en auto. Lo que no esperaba era que su esposa, medio dormida, me confundiera. Su mano suave me acariciaba los muslos duros como piedra, una y otra vez. Y de vez en cuando frotaba sus meloncitos blancos contra mí: —Amor... juega con tu zorrita. ¿Cómo iba a aguantarme al escuchar eso?...
El Doctor Más DURO - caprichoso novels & stories
Viejo Verde
—...Es que, allá abajo está muy seca, cuando me lo hacen raspa y duele, y por más que sigan no me mojo... Yo miraba a doña Yolanda, que tenía la cara bonita encendida de vergüenza, y de reojo le repasé ese cuerpo sensual de curvas de infarto. Se me hizo agua la boca. Sonreí y le dije: —Señora, su problema es algo complejo, no me atrevería a aventurarme con un diagnóstico... Mire, hagamos esto: pase detrás de la cortina y déjeme revisarla a fondo con el instrumento, a ver qué es exactamente lo que tiene... Ah, y acuérdese de quitarse los pantalones también.
Turbulencia En Medias De Seda - caprichoso novels & stories
Mangonel
—Fabi, porfa, ayúdame a descargar unas pelis de esas fuertes, es que me siento muy sola esta noche. Era tarde cuando mi tía Violeta abrió la puerta de mi cuarto. Solo traía puesta lencería muy sensual que dejaba ver sus nenas bien formadas. Justo me la estaba jalando y, del susto, me tapé rápido con la cobija. —Tía, ¿por qué entras así sin tocar? Ella tenía la cara toda roja. —Es que me arde todo de las ganas y el inútil de tu tío ni me toca. Ándale, búscame unas pelis cochinas para que me pueda encargar yo misma. Me toqué el fierro, que ya estaba bien duro, y le dije riéndome: —¿Y si mejor te ayudo yo con eso?
La Cura A Mi Calentura - caprichoso novels & stories
Héctor Cerrajas
—Sé buena y ponte en cuatro. La terapia de apoyo ya no es suficiente; tengo que ayudarte yo mismo. Soy la más bonita de la universidad y tengo una adicción. Después de dejarlo seco, mi novio, Iván, empezó a temer que mi adicción me llevara a serle infiel, así que me mandó con el médico del campus para que me curara. Nunca imaginé que el tratamiento de ese médico fuera tan raro. Al final hasta se bajó los pantalones y sentí algo duro y caliente que se me clavaba por detrás...
Cayendo en la Seducción del Rudo - caprichoso novels & stories
Aurora del Castillo
En los años setenta, respondí al llamado del gobierno y me uní al programa de jóvenes intelectuales enviados al campo. Buscando emociones fuertes, me fijé en un hombre rudo de cuerpo musculoso. Una noche, escalé por su ventana y me deslicé bajo sus cobijas, las cuales estaban impregnadas de testosterona. —Diego, lo tienes muy duro. Déjame ayudarte. El hombre sujetó mi cintura y me empujó con fuerza diciendo: —Tú te lo buscaste. Aparte de labrar la tierra, lo que más hice fue montarme sobre sus caderas, balanceando las mías. Nos enredamos en las montañas y ardimos en los campos. Cada rincón apartado de la aldea guardaba las huellas de nuestros encuentros íntimos.
El Hueco Que Dejó Papá - caprichoso novels & stories
Mangonel
—Me pica muchísimo. Mi papá salió, ayúdame a rascarme con la cuchara. En la mesa, la hija de mi amigo había comido demasiados ostiones; las hormonas se le alborotaron y el deseo se le desbordó. Llevaba una minifalda; sus piernas se abrieron hacia mí, dejando ver su tentador calzoncito blanco. Llevaba años sin estar con una mujer, y al ver la intimidad ligeramente hundida de la jovencita sentí que el cuerpo me traicionaba. Me desabroché el pantalón, saqué mi hombría y la agité frente a ella. —¿Qué tanto te va a ayudar una cuchara? Ráscate con esto.
Masajitos a Domicilio - caprichoso novels & stories
Leep
—Grite para mí, señora. Mi jefe es impotente. Me pagó un millón de dólares para que me acostara con su esposa, Hanna Castillo, una directora ejecutiva seria y bellísima, y la dejara embarazada. En la lujosa mansión de la montaña, usé la rodilla para abrirle a la fuerza las piernas, blancas como la nieve, que mantenía bien cerradas y deslicé por debajo de su camisón de seda rosa la pistola de masaje, que zumbaba sin parar. Por encima de la última capa de seda, ya húmeda por su emoción, apreté el cabezal vibrador justo contra su punto más sensible, y lo froté contra ella a un ritmo constante. Un hormigueo insoportable le recorrió el cuerpo hasta la coronilla. Aquella mujer siempre tan seria, medio desvestida, se desplomó sobre el sofá. Lloraba de humillación y odio, pero arqueaba la espalda sin poder contenerse y se estremecía frenética con cada embestida. Mientras ella dejaba escapar un gemido de placer, sus jugos brotaron y empaparon la pistola de masaje...
Nuera Compartida - caprichoso novels & stories
Hombre Sucio
—Papi... no hagas eso... Ay... Mi hijo se quedó dormido sin satisfacer a mi nuera. Ella, tan provocativa, me rodeó el cuello con sus suaves brazos y frotó sus pechos grandes y firmes contra mí. Se me tensó todo el cuerpo y la monté sobre mí: —Zorra, ¿el inútil de mi hijo no te satisface?
Por Infidelidades del Destino - caprichoso novels & stories
Lucía Tormentas
—Papi... ¿así te gusta? En la cama de otro... hazme tuya... ¿así te gusta, papi? Esa madrugada, mi cuñada estaba desnuda, boca abajo sobre la cama, empujando una y otra vez su trasero redondo y firme hacia atrás. Hasta los gemidos le salían temblorosos, con cara de que estaba bien satisfecha...
Enferma con adicción al sexo - caprichoso novels & stories
Mangonel
—¡No, ahí ya no cabe más! Tirado en la cama de hospital, con las nalgas pálidas al aire, el doctor me examinaba por mi problema de adicción sexual. Pero parecía más bien estar jugando conmigo. Sus manos no paraban de acariciar mis glúteos, hasta que introdujo un dedo en mi interior. Cuanto más le suplicaba, más excitado parecía ponerse. No pudiendo soportarlo, volví la cabeza para mirar. ¡Ese no era el doctor, era mi profesor de la universidad! Al siguiente instante, sus movimientos se volvieron aún más violentos.
Pollón de Doble Cañón - caprichoso novels & stories
Ronaldo
Me llamo Rebeca Gallegos. Desde niña supe que era diferente; otras mujeres solo tienen un conducto, pero yo nací con dos, y cada uno es muy estrecho. Según me dijeron, mi mamá esperaba gemelas, pero durante el embarazo ocurrió una mutación genética; mi hermana murió en el vientre y yo absorbí esa parte de ella, además de todas sus hormonas femeninas. Por eso mi deseo es mucho más intenso que el de otras mujeres; en la adolescencia, pasaba hasta cuatro horas seguidas con un juguetito y todavía me quedaba con ganas de más. Al principio hasta me sentía orgullosa y pensaba que un novio adoraría y consentiría con locura a una joya de mujer como yo. Sin embargo, tuve cinco novios seguidos y todos, al momento de llegar a la intimidad, se asustaron con lo que tenía bajo la ropa y huyeron despavoridos. Me llamaron monstruo y dijeron que tenían miedo de que me los tragara. Por fin comprendí que lo mío tal vez no era ser diferente, sino una enfermedad. Pero cuando fui al hospital, lejos de curarme, descubrieron que era ninfómana. Me puse a llorar. ¿Por qué una mujer monstruosa como yo tenía que padecer una enfermedad así? Pero no tenía tiempo para lamentarme, porque la ninfomanía me atormentaba tanto que no me dejaba ni comer ni dormir. No me quedó más remedio que comprar por internet un set de juguetitos del tamaño más grande. En apenas quince días los rompí todos de tanto usarlos, y mi ninfomanía pasó de un cuadro leve a uno grave. Los juguetes no servían de nada; estaba claro que tendría que buscar a un hombre. Pero ya no me hacía ilusiones de conseguir novio; con tal de sentirme mejor, me bastaba cualquiera. Me registré en una aplicación de encuentros casuales con el nombre de “Golosa Doble”. Como era la chica más linda de la universidad, mi atractivo saltaba a la vista y tenía un cuerpo con curvas de infarto, así que montones de tipos se abalanzaron sobre mí como perros cachondos. Al final elegí a un obrero de abdominales marcados...
Nadando En Las Medias De Mi Ahijada - caprichoso novels & stories
Mangonel
—Padrino, ¿así es la postura correcta? Estábamos en el Club Deportivo y le enseñaba a mi ahijada la técnica para entrar al agua. Briseida se inclinó, dejando su trasero bien firme en alto, y sin querer terminó rozando mi paquete. Sentí un corrientazo, una sensación eléctrica que me sacudió. Pero lo que más me excitó fue lo que pasó después de que saltara. Como era malísima para nadar, empezó a chapotear con desesperación en cuanto entró al agua y, entre tanto ajetreo, se le soltó el hilo del bikini. Me lancé de inmediato a rescatarla. Ella forcejeaba y se aferraba a mí con todas sus fuerzas, haciendo que se la rozara una y otra vez. Y lo más increíble era que su padre estaba ahí mismo, observándonos a un lado de la alberca.
Muñequita Navideña - caprichoso novels & stories
Héctor Cerrajas
—¿Esta es la muñeca que me regaló mi hija por Navidad? Se parece demasiado a su mejor amiga, la más bonita de la escuela... El rudo papá de mi mejor amiga me confundió con el regalo de Navidad que ella le había preparado. Se acercó a mí, impaciente, me separó las piernas, listo para adentrarse en lo prohibido...
El Error Que Puse En Cuatro - caprichoso novels & stories
El Cañonero
—Ya, detente... no me beses, ay... Le eché el ojo a la hermana menor de la esposa de mi amigo y pensaba aprovechar la borrachera para llevármela a la cama. Lo que no me esperaba era que, a medio beso, me diera cuenta de que la mujer que tenía en los brazos era la esposa de mi amigo. —¿Cuñada? ¡Pero qué…! De cualquier manera, estaba igual de buena, así que decidí seguir con la corriente...
El Guardián De Las Colegialas - caprichoso novels & stories
Mangonel
—Ándele, con que me deje salir de la escuela, hasta le doy una probadita. En la caseta de vigilancia, una estudiante muy atractiva estaba sentada en mis piernas y me rogaba que le abriera la puerta. Estaba a punto de negarme porque la escuela prohíbe que los estudiantes salgan después de las diez de la noche. Pero ella me bajó los pantalones y se me montó encima.
Fui La Nueva Muñeca Humana De La Tienda - caprichoso novels & stories
Erosi
Mi mamá, Allison Ramsey, tiene una tienda para adultos. Un día estoy tan cansada que me quedo dormida ahí dentro, y por accidente termino atrapada en una de esas camas del placer. Cuando el señor Palmer, el vecino, entra al local, me confunde con un nuevo modelo de muñeca de la tienda y empieza a bajarme los shorts.
Revisión Profunda - caprichoso novels & stories
Búsio
—Te lo ruego, si no llamas a la policía ni le dices a mi papá, yo… yo haré lo que sea. Cuando trabajaba en la tienda, instalé una cámara oculta encima de los estantes para atrapar ladrones. Para mi sorpresa, la primera en caer fue una universitaria de aspecto inocente y figura espléndida. La llevé a la bodega para hacerle un cacheo. Durante el cacheo, la suavidad de sus pechos me encendió de golpe. Lo más insólito fue que, sin que yo supiera cuándo, su calzoncito estaba empapado.
El Nuevo Muñeco De La Vecina - caprichoso novels & stories
Erosi
Mi mamá tiene una tienda de artículos para adultos. Ese día estaba tan cansado que me quedé a descansar ahí, pero sin querer quedé atrapado en una cama erótica. Cuando la señora Rebeca de al lado entró a la tienda, me confundió con la novedad del catálogo y me bajó los shorts...
La Colegiala y La Pulga Picona - caprichoso novels & stories
Tipo Repugnante
—Padrino, ayúdame rápido, se me metió una pulga bajo la falda, ¡qué comezón! Mi ahijada salió a pasear al perro y una pulga la mordió en su lugar íntimo, me pidió que le calmara la comezón, y, entre tanto calmar a la jovencita le dio todavía más comezón; al final terminó pidiéndome que le quitara la falda para aliviarle otra comezón.
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