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Hipócrita Karma Maiikling Kwento at Nobela

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Cruel Traición: Mi Compañero Rompió Nuestro Vínculo - undefined nobela & mga-kwento
Cocojam
Mi Alfa, Damon, y yo crecimos juntos. Nuestro vínculo de compañeros destinados se encendió en el segundo en que pusimos un pie en los terrenos de la Academia de Élite del Lobo. Él me miró con ojos de ternura y me dijo que tenía una sorpresa para mí en el Festival de la Luna Nueva de la Academia. Dijo que tenía que subir al escenario. Mi corazón se aceleró mientras caminaba hacia él. Me rodeó con sus brazos desde atrás, sujetándome con fuerza. Me dijo que cerrara los ojos y esperara. Al segundo siguiente, las luces se encendieron de golpe. Vi a la hija de otro Alfa parada frente a mí, con unas tijeras de plata en la mano. Zas. Mi cabello largo siempre había sido mi orgullo. Ahora, yacía en mechones arruinados sobre el suelo. El salón estalló en los aullidos excitados de la manada. Su risa fue la más fuerte. La más hiriente. Al día siguiente, se enteró de que iba a abandonar la Academia. Una ola de su poder de Alfa incontrolado chocó contra mí. —¿Te vas? ¿Por un simple juego? Me di la vuelta con calma. —Sí.
El Imperio Siempre Fue de Mi Madre - undefined nobela & mga-kwento
Yolanda Fernández
Estaba al frente de una reunión internacional importantísima cuando, de pronto, recibí una llamada de Dora Guerra, mi hermana menor. Al otro lado de la línea, Dora lloraba tanto que apenas podía hablar: —Me robaron el cupo de intercambio… Fui de inmediato a la universidad. Al llegar, vi a Dora acorralada en una esquina de la oficina, con los ojos enrojecidos. Frente a ella, una chica con pinta de buscapleitos la señalaba con el dedo, llena de desprecio. —¿Crees que puedes competir conmigo? Soy la hija de la familia Guerra de la capital. Mi papá acaba de donarle a esta universidad todo un edificio de laboratorios. ¿Y tú quién te crees? Hasta Ricardo Navarrete, el profesor de la materia, se puso de su lado: —Dora, Marcela es hija de una de las familias benefactoras más importantes de la universidad. Sé razonable y no nos metas a todos en problemas. Yo estaba a punto de acercarme para exigir una explicación, pero aquellas palabras, "la familia Guerra de la capital", me detuvieron en seco. ¿La familia Guerra de la capital? ¿Desde cuándo mi papá tenía una tercera hija además de Dora y de mí? Marqué de inmediato el número de mi papá y, con una risa fría, dije: —Papá, dime una cosa: ¿desde cuándo tienes otra hija a espaldas de mamá?
Cuando me tuviste, no me viste - undefined nobela & mga-kwento
Tali Flor
Dos semanas antes de la boda, Nelson decidió posponerla una vez más. —Ivana inaugura su primera exposición de arte ese día —me dijo—. Estará sola y nerviosa. Tengo que estar ahí para apoyarla. Al final, tú y yo ya estamos juntos, ¿qué más da casarnos un día antes o después? Pero ya era la tercera vez que aplazaba nuestra boda por aquella mujer. La primera, Ivana acababa de operarse y sentía nostalgia de la comida de su tierra, por lo que Nelson no dudó en viajar al extranjero y quedarse con ella durante dos meses. La segunda, Ivana decidió irse al bosque en busca de inspiración para pintar y él, preocupado por su seguridad, fue tras ella. Esta era la tercera. Colgué la llamada y miré a César, mi amigo de toda la vida, quien se encontraba sentado frente a mí, relajado, jugando con su bastón de esmeralda, cuyo golpeteo en el piso de mármol rompía el silencio entre nosotros. —¿Todavía necesitas esposa? —le pregunté, sonriendo con picardía. El día de mi boda, Ivana sonreía radiante, copa en mano, esperando el brindis del hombre a su lado. Pero él, con los ojos rojos, observaba en silencio la transmisión en vivo de la boda del heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
Las tarjetas del perdón se acabaron - undefined nobela & mga-kwento
Junio
Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio. Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón. El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón. Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones. Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta. Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
Detrás de las mentiras - undefined nobela & mga-kwento
Choco Bean
Estuve ocho años con un hombre divorciado. Nos separamos noventa y cuatro veces y nos divorciamos cinco. Una más, y sería la número cien, pero me cansé. La primera ruptura fue la noche que le entregué mi primera vez: dejó todo a medias porque su ex lo llamó para comprar pan. La quinta, cuando me abandonó embarazada en plena carretera para consolar a esa misma mujer. Tuve un accidente, perdí al bebé… y él llegó después, desarreglado, como si nada. Y aun con todo el dolor que me causó, nunca tuve el valor de dejarlo del todo. La última vez que nos divorciamos fue por otra razón absurda: su ex y su hijo participarían en un programa familiar, y para cuidar la imagen de familia feliz, volvió a divorciarse. Cuando el show terminó, me llamó para hablar de reconciliarnos. Pero esta vez dije que no… porque ya había decidido casarme con otro.
Nunca Fui Su Prioridad - undefined nobela & mga-kwento
Aita Cabrera
Mi esposo, Nicolás Ferrer, tenía la costumbre de ordenar la vida según prioridades perfectamente definidas. En nuestro calendario compartido, los eventos marcados en rojo eran inamovibles; los marcados en amarillo se podían negociar y los marcados en gris podían aplazarse en cualquier momento. El cumpleaños de su madre estaba marcado en rojo; las cenas con sus amigos, en amarillo; cualquier evento relacionado conmigo, en gris. Después de siete años juntos, yo seguía ocupando el último lugar. El día de nuestro aniversario de bodas, esperé en el restaurante hasta que las velas se consumieron. Él pospuso la cena para la semana siguiente y me envió un mensaje de voz: "Valeria es muy estricta con la limpieza y no quiere que los empleados de la empresa de mudanzas toquen sus cajas. Iré a ayudarla. Tú siempre has sido muy comprensiva. Te lo compensaré otro día". Contemplé la comida ya fría. No le pedí explicaciones; simplemente abrí el historial del calendario compartido. Mi consulta de seguimiento después de la gastroscopia había sido reprogramada para que él pudiera llevar al gato de Valeria al veterinario. No había estado conmigo durante la operación de mi padre porque estaba cambiándole la cerradura a Valeria. Incluso el día de nuestra boda civil acompañó primero a Valeria a elegir un colchón y me dejó esperando en el Registro Civil hasta poco antes del cierre. Cada vez que él reprogramaba uno de mis eventos marcados en gris, aparecía otro de Valeria marcado en rojo. Todos llevaban la misma nota: "Prioridad absoluta". Releí esas palabras varias veces y recordé algo que Nicolás solía decir: —No hay favoritismos, solo prioridades. Así que, dentro de su orden de prioridades, mi salud, mi familia y nuestro matrimonio valían menos que una sola caja de Valeria. Antes de eliminar el calendario compartido, guardé varias capturas de pantalla. Después, le envié a mi abogada la documentación necesaria para iniciar el divorcio. A él le encantaba vivir de acuerdo con sus planes. A partir de ese día, yo quedaría fuera de sus planes para siempre.
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