¡He Pecado!
, ¡pecadora, lujuriosa!
Aquel hombre con aire prohibido e inocente, había despertado en ella un deseo nada religioso, meramente carnal y pecaminoso. Se giró devolviendo la vista al templo y un escalofrío la recorrió. Nunca le había pasado algo igual, ningún hombre había logrado despertar algo así, tan pronto, tan abrupto...
¡Pecadora, Ámbar Hobbs, pecadora!
Perdón Dios mío, he pecado...