Mi dulce bestia
Incluso cuando reniegas.
Soltó un suspiro.
—¿Quieres comer un poco de helado? —preguntó un poco más tranquila. Su presencia había logrado eso—. Si no es así, desaparece.
—Me gusta el de menta.
—¡Ugh! Eso ni siquiera se debería ser un sabor. Tengo chocolate, fresa, arándanos, vainilla, cereza, café y lúcuma. —Nombró con los dedos—. Tómalo o déjalo.
—Entre tantas opciones, alguna se me ocurrirá.
—Genial, entonces pasa —dijo abriendo la puerta.