MI SEÑOR
Era una expresión tan distinta que me agitó el corazón.
—Amar a alguien, es más que merecer, Dulce.
Ladeó la mirada, observando cómo me acercaba al éxtasis, y como sus palabras me eran incomprensibles.
—Sabe quién es ella, pero aun así la ama, ¿eso dice? —inquirí, algo dolida, sin saber por qué—. A pesar de la horrible clase de persona que Isabela es, usted la adora, ¿no es así?