Resistiéndote
Él interviene y trata de ayudarme, retira mi mano de la suya
—clavé mis uñas en él por el susto — y la sostiene firmemente, proporcionándome cierta sensación de seguridad.
— Señorita, todo está bien, míreme, respire, despacio, céntrate en la respiración — dice, haciendo los mismos movimientos respiratorios que yo —, inhale y exhale, eso es, sigue, inhala, exhala.
— Está bien, no tiene por qué preocuparse... — mira de reojo la herida y me tranquiliza.