Suplicando tu perdón
—exclamó con voz temblorosa, dejando escapar un grito que parecía contener semanas de preocupación, de angustia acumulada
Gustavo, que estaba a su lado, se giró lentamente para mirarlo.
Su sonrisa, que hasta hace un momento parecía alegre y llena de ilusión, se transformó en algo completamente frío, cortante, como el filo de un cuchillo que amenaza cortar cualquier vínculo de afecto o confianza.
Sus ojos destilaban una mezcla de poder y desafío, y su presencia llenó el espacio de una tensión casi insoportable.