Tengo una lista mental de películas españolas que tratan la suerte como si fuera un personaje más: a veces cómplice, a veces traidor. En mi caso, siempre vuelvo a «La comunidad», porque esa película muestra de forma brutal cómo un simple billete de lotería puede sacar lo peor y lo más ridículo de las personas; el azar pone en marcha una cadena de codicia y paranoia que parece casi cómica y a la vez muy real.
También me gusta cómo «Los amantes del Círculo Polar» juega con la coincidencia y el destino: no es suerte en el sentido de una rifa, sino una serie de cruces fortuitos que transforman vidas. Y no puedo olvidar «El milagro de P. Tinto», donde la mala suerte y la ingenuidad se mezclan hasta crear un humor absurdo que, para mí, es una forma de celebrar la fragilidad humana. Estas películas me recuerdan que la suerte en cine sirve para explorar carácter más que para explicar el argumento; siempre termino pensando en cómo reaccionaríamos si la suerte nos tocara de verdad.