Un amor cruel
Comí algunos bocadillos y comencé a leer un libro.
De repente, mi teléfono vibró.
—¿Quién es? —contesté.
—Hola, soy Caleb. ¿Puedes darme algo de dinero hoy? Realmente necesito, de lo contrario, le darán mi puesto a otra persona. —Su voz parece distorsionada por el estrés.
—Caleb, ¿cómo estás? No tengo dinero en este momento.
—Lo prometiste —gruñó.
—Ok, déjame ver —respondí mientras escaneaba mi bolso.