La apuesta
Deiv abandono los deliciosos pechos que clamaban por su toque, su pene le pedía una liberación épica, algo para que él también grabe en lo profundo de su ser, se irguió, y tomando de la pequeña cintura a su pequeña acompañante arremetió contra ella, entrando y saliendo a toda velocidad y fuerza, al ritmo de los latidos de su corazón, Rene estaba maravillada, no solo por estar alcanzando la liberación de su orgasmo, sino que también podía apreciar cada gesto propio y de su acompañante, disfrutando a niveles insospechados, se dejó ir con un grito eufórico, y dos envestidas después Deiv la acompaño, nada la preparo para lo que escucho.
— Sí, pequeño ángel, Dios, ¡cómo te amo!
El grito de Deivid