Mi gran Amor... La hija de mi enemigo
—preguntó casi riendo, porque le hacía algo de gracia que su hija se hubiera fijado en alguien mayor que ella, pero estaba segura de que el tipo no parecía un abuelo para nada.
Mayte Reynolds sabía que la vejez, en estos tiempos, era muy diferente a cuando ella era una niña o una adolescente. Antes, los hombres de cincuenta años, y aun los cuarentones, se veían como unos viejitos, era otra época. Ahora se podían ver en gimnasios, bien conservados, saludables y de buen ver, incluso algunos de sesenta años, como uno que estaba en el gimnasio, a donde ella iba dos veces en la semana, que tenía sesenta y dos años, pero estaba mas buenote que un muchacho de treinta, y a ella se le aguaba la boca