EL PLAN DE LOS JEFES
Pensamientos, pensamientos, pensamientos.
Dudas.
Se había enamorado de su abogado, el mismo abogado de su jefe, El Gran Jefe. Estaba enamorada de ese hombre precioso de cabello negro y ojos miel, de gustos divinos, profesional y exitoso, inteligente y directo, de rostro serio, ese mismo que solía usar trajes de tres piezas confeccionados a su medida, dueño de un importante bufete en la ciudad. Lenis pensaba en todo eso, lo describía, porque necesitaba hacer un inventario de todo lo que sabía hasta ahora del hombre que la había enamorado y así, no cometer los mismos errores del pasado; aunque la mayoría de esos errores no eran de su propiedad.