Mesa para tres
Junto con Vero, Rubí y yo nos quedamos a acompañarla en su habitación, mientras descansaba porque había pasado la noche en vela, al lado de su italiana.
—¿Y no tienen ni el más mínimo indicio de los resultados? —preguntó Teressa.
—Ninguno, pero Daniela nos contó que no confiaba en que pudieran ganar que teme que sea la próxima en irse —dije—. Según ella, el grupo se peleó todo el tiempo, ni siquiera tenían un nombre para su puesto de comida y el menú era tan caótico, que ninguno salió a promocionar, porque cada chef solo sabía hacer su plato, pero no es de los demás.