Renací y no quiero un esposo mafioso
Que ella fuera solo suya.
El día de la boda, frente al sacerdote, estaba tan nervioso como un muchachito inexperto; una y otra vez juró que, si la traicionaba, preferiría que mil balas atravesaran su corazón y no quedara ni rastro de él.
Sin embargo, nunca llegó a imaginarse que, terminarían enfrentando el desenlace más doloroso.
Al segundo año de casados, conoció a Lucia. Ella, llorando, le confesó que la persona que lo había salvado aquel día no había sido el padre de Ailora, sino su propio padre.