CAUTIVA POR EL DIAVOLO ITALIANO
¿Era mi papá o mi secuestrador?
— Al menos sabes lo que soy capaz de hacer, así que déjame ir — le advertí.
— Qué bueno que ya no puedes moverte con libertad — me dijo el muy bastardo.
Fabien se quitó la toalla, quedando desnudo ante mí, después se dio la vuelta y yo tuve que mirar dos veces, su espalda era un desastre, tenía cicatrices por todos lados, parecía un cristo, no, sus cicatrices se veían mucho peor, las cicatrices llegaban hasta su culo, despues se puso un pantalon pijama.