Sufrida
Vergüenza das tú, que por un hombre que no sirve y que te miente en tu misma cara, te humillas de esta forma.
Le dedico una mirada a Ernesto, que frota sus mejillas con la cabeza gacha y sin atreverse a devolverme el golpe, mucho menos a defender a su nueva mujer. «Cobarde».
—Sí tiene una hija, una hermosa niña que se llama Audrey. De la que yo me ocuparé, porque esa pequeña merece todo lo que este pendejo no quiso darle. Por ambicioso de m****a. —Lo señalo con la barbilla y lo miro con repulsión. Nadie habla, todo se mantiene en silencio, pero yo no puedo parar—. Pero si esta es tu reacción, Miranda, entonces mereces lo que tienes al lado. Tanto que se llenan la boca diciendo que entre muje