RECUPERÁNDOLOS
Me sentía enferma, pero eso solo fue hasta que vi a Diego ir hacia mí con su pantalón café de vestir algo sucio, con su camisa de botones, ya no tan blanca, desfajada, con el cabello despeinado, con la cantimplora goteando en una mano y con la otra mano arrastrando el suéter que parecía más beige que café por toda la tierra que ya había acumulado.
Sonreí olvidándome de todos mis malestares pasados, pues ese pillo en serio que me hacía completamente feliz.
—¡Mami! —gritó el amor de mi vida al descubrirme esperándolo, y corrió hacia mis brazos que siempre lo esperarían abiertos.
Me acuclillé, lo abracé y lo besé con todo el amor que mi corazón sentía por él.
—Vamos a casa —pedí alzándolo en br