Venganza en la Corte de Jade
Momentos después, Serafina, disfrazada de emisario de Austral, entró en la tienda.
Llevaba una túnica holgada de hombre, la cara cubierta de cicatrices falsas y un olor penetrante a azufre, típico entre los sureños que crían insectos venenosos para fabricar toxinas.
Virgilio detestaba el calor.
Estaba descalzo, con la túnica a medio caer de los hombros, y la miró de arriba abajo con descaro mientras se acercaba despacio.