Anclada al Alfa
Su cuerpo estaba caliente de manera antinatural, y su vista borrosa, y su cuerpo actuaba en contra de sus pensamientos, la desesperación y tortura no era solo externa, sino que su cuerpo ya no era suyo y su mente lejos de protegerla se había vuelto su prisión.
—Eres mía Lita, nadie más querrá tocarte, nadie más podrá tocarte, ¿entiendes? me perteneces, tu cuerpo, tu mente, tu alma y tu loba… son míos, sólo yo y nadie más que yo podrá tocarte aunque, no lo aceptes.
En ese momento Joan se había introducido a la fuerza en ella por enésima vez, lastimándola más por dentro y por fuera que cualquier guerrero con el que hubiera luchado antes.