Adiós sin Fecha de Regreso
Los seguí silenciosamente, me paré a cierta distancia, y lo vi consolándola en voz baja, con tono paciente y tierno.
Lana frunció el ceño, y, con voz caprichosa, dijo:
—¿Ya tienes sentimientos por ella? Hace rato, no me defendiste cuando ella no me respetó, al final, ¿ya no puedes dejarla?
Ramón suspiró con impotencia y la consoló en voz baja:
—Es por el bebé, después de todo ella ahora...
No terminó la frase, metió la mano al bolsillo y sacó una caja de una joyería elegante, la abrió y sacó una pulsera nueva, la cual colocó en su muñeca con suavidad.