Sentimientos & Deseos
—suplicó Verónica, viendo brotar las lágrimas de sus ojos.
—Eres mi esposa, y harás lo que te diga —declaró Antonio, su voz tan dura como el acero.
Los lamentos de Verónica se desvanecieron en la noche, mientras las manos de Antonio exploraban y besaban con deseo cada rincón de su cuerpo. La joven lloraba sin cesar, rogando para que aquel tormento terminara, pero sus súplicas caían en el vacío. Antonio la giró, a pesar de su resistencia ante aquel acto atroz y perverso que él pretendía ejecutar, y la poseyó sin mediar palabra, ignorando totalmente la resistencia de la joven, lo que le arrancó un grito desgarrador mientras sus ojos vertían incontables lágrimas. La lucha resultaba inútil frent