La ESPOSA de mi PADRE
Al contrario, la mención sirvió para acentuar la distancia entre el pasado gris de Maribel y la vibración nocturna de este encuentro.
—Mauricio era un hombre de estructuras —dijo Maribel, manteniendo la voz neutral—. Le costó entender el poder como un diálogo, y no como una imposición. Pero al final lo hizo.
—Qué desperdicio —susurró Paul, y la velocidad de su respuesta tuvo una cadencia casi física. El inglés estiró la mano sobre la mesa, deteniendo sus dedos a una distancia mínima de los de ella, una invitación silenciosa—. El poder, cuando es verdaderamente interesante, es un juego que se juega de a dos. Es una tensión compartida, un equilibrio donde ambos saben exactamente qué hilos puls