Vendió el diamante y él la premió
Durante el mayor evento de ofertas del año, la asistente “inocente” de mi prometido vendió un diamante de un quilate por un solo centavo. En apenas veinte minutos, la empresa perdió doscientos millones.
Yo temblaba de la rabia, pero Alejandro me sostuvo entre sus brazos para calmarme:
—No te preocupes, déjamelo a mí.
Esa misma noche, Luciana publicó en redes una transferencia de más de un millón, la cual venía acompañada con un mensaje apenas perceptible, ’para toda la vida’. Junto a la foto ella escribió:
[Hoy cometí un gran error, pero mi jefe me consoló. Incluso me pidió que no discutiera con esa bruja loca, y que me portara bien.]
Yo no me contuve y le comenté la publicación:
[Qué bonito, que les dure para siempre.]
Luciana borró la publicación al instante. Minutos después, Alejandro irrumpió en la habitación y me dio una bofetada.
—¿Qué intentas al darle “me gusta” a la publicación de Lucy? ¡Ahora se siente tan mal que incluso quiere suicidarse! Solo se perdieron doscientos millones, ¿de verdad tenías que empujarla hasta ese punto?
Hablaba con total seguridad, como si tuviera toda la razón. Sin embargo, más tarde cuando ni siquiera podía pagar veinte pesos para comer, ¿por qué terminó llorando?