Duelo de pasión y poder
Tú me obligaste.
Me quedé pasmada un segundo, procesando sus palabras. Quizás lo tomó como señal de rendición porque me liberó.
¿Este imbécil me hizo abandonar el proyecto y venir solo para molestarme?
—¡Kevin, mi trabajo no es un juego!
—Tranquila, cariñito, el mundo no se detuvo porque delegaras responsabilidades, ¿o sí?
—Eres…
—Guapo, poderoso, asombroso, sexi… —enumeró mirándose la camisa como si leyera la lista ahí—. Soy precioso, lo sé… pero para mi desgracia, tú me gustas; así que, hazte cargo.