MARÍA
Hablamos, discutimos, peleamos, nos reconciliamos y volvemos a pelear, pero al final del día siempre nos tendremos los unos a los otros; y nos ayudaremos, apoyaremos y amaremos siempre.
Ahora, cuando las cosas se tornan difíciles, cuando me siento confundida y triste, recurro a mi ángel, a mi amor, a mi protector y a mi amargado suegro, ahora sé que no estoy sola y sé que sola no es mucho lo que puedo hacer.
Porque las penas con pan son buenas, y compartidas son mejor. Compartir los problemas sí hace que nos toque de menos, me tomó tiempo descubrirlo, pero lo aprendí bien.