Sombras del Corazón
quiero estar contigo, mamá.
Los médicos y enfermeros que pasaban lo miraban sin hacer nada. Algunos susurraban, otros reían, mientras yo lo seguía, sintiendo cómo algo dentro de mí se desgarraba con cada paso. Era como si caminara sobre cuchillas. Cada movimiento suyo me partía el corazón.
Cuando llegó a la cama, mi sangre ya se había enfriado por completo. Pero él no lo entendió, y, como si nada, sonrió.