Mi pequeño y gran secreto
Le había pedido ayuda a la señora Elvira que emocionada, junto a su suegra la señora Azucena, que sabía exactamente cómo era la petición de boda con que Mía soñaba, por haberlo descrito incontables veces, lo habían organizado
—Mi querida Mía, esta noche deseo entregarte las estrellas —dijo con misterio Fenicio ante los ojos temerosos de Mía—. Prepárate para un viaje al corazón de nuestros sueños.
—Fenicio, amor hay algo que debo decirte, así que antes que hagas algo como esto que acabamos de hacer, deja que te lo diga —pidió Mía asustada.