Para ser libre tenía que morir
Los latidos de mi corazón retumbaban con tanta fuerza contra mis oídos que ahogaban cualquier otro sonido, como si alguien le hubiera bajado el volumen al mundo entero.
Veintiún años. Ese era todo el tiempo que el sistema me había mantenido aquí, bajo una regla muy simple: tenía que lograr que uno de los cuatro pilares del hampa de la Costa Este se enamorara de mí para poder volver a casa. Y de verdad lo intenté. Lo intenté con todas mis fuerzas. Había derramado sangre por ellos, mentido por ellos e incluso matado por ellos. Pero, al final, todos y cada uno eligieron a Rosa.