Una Cita a Ciegas con el MAFIOSO
Alessia soltó otra risita y, con un gesto lleno de gracia, levantó apenas un centímetro el bajo de su vestido de seda, revelando sus pies pequeños y completamente descalzos sobre la alfombra de lujo del hotel.
—Ay, Dante, por favor, llevalos al coche —dijo ella, mirando a Enrico con una chispa de diversión cruel—. Señor Conti, le pido disculpas por mi "huida", pero la verdad es que no podía más de los pies. Casi no podía caminar de lo mucho que me dolían esos tacones criminales. Gracias a Dante y a su brazo pude llegar a la terraza para descansar un poco.
Hizo una pausa dramática, mirando a su alrededor con una superioridad aplastante.