La sustituta del mafioso
Al caer la noche Donato llevó a Fiorella hasta una tienda en la playa, la música de fondo y las bebidas locales hicieron que los dos salieran de la realidad en la que vivían.
Fiorella tomó la mano de Donato y lo invitó a bailar, sus cuerpos pegados como una pareja de enamorados disfrutaron bajo las estrellas.
Antes de ir a dormir decidieron dar un paseo con los pies descalzos, el arena se metía entre sus dedos, las olas humedecían sus pies y aquellas corrientes de aire besaban sus mejillas.
—Te agradezco por este cambio, me has hecho sentir especial, tu forma de ser hace que vea la calidad de hombre que eres, te suplico que por favor no cambies, no conmigo, no lo soportaría.