Desliz
Lamió hasta la última gota que pudo y se incorporó, relamiendo sus labios y viéndola con el mayor de los deseos, tan duro como una roca y anhelando sentirla apretando su dura y gruesa verga, pero era consciente de que Loana pronto despertaría, así que debían asearse y limpiar la habitación que estaba impregnada con el olor a sexo.
En ese momento Jolie era una mujer satisfecha, sus mejillas estaban sonrojadas, su cabello enmarañado y su piel pegajosa, aun así no podía ocultar la sonrisa y el brillo de su mirada. Había tenido un sexo alucinante, como el que hace años no había tenido y no tenía punto de comparación.