Corazón gélido
… y un sinfín de respuestas similares, pero siempre obtenía lo mismo de su parte: «Me gusta ser el causante de tu sonrisa»
Algo estaba pasándome y, durante estos días, mi cuerpo sufría de ciertos temblores, cosquilleos en el vientre y sentir los latidos de mi corazón. Esto último comenzaba a asustarme. Creí que el hielo seguiría intacto, tan gélido, tan impenetrable, tan macizo… Me equivoqué porque Valentín tenía, y tiene, una tenacidad inexplicable y, lo peor, él mismo se estaba encargando de derretir el hielo de mi corazón, tan deprisa que la calidez en mi pecho crecía cada un poco más.