El inválido y el amor eran mentiras
Cuando Bera atendía la última pequeña herida, Natalia de repente preguntó en voz baja:
—Dime, si amar a alguien puede llegar al punto de despreciar la ley, de enfrentar a todo sin dudar en ponerse de su lado, la persona amada es muy feliz, ¿no?
Como le ocurría a Diana.
Sin importar lo que hiciera, por muy exagerado que fuera, Samuel siempre estaba firmemente de su lado.
Ser amada hasta ese punto, realmente parecía muy feliz.
Al oír sus palabras, Bera se quedó pasmada.
—Nati, ¿estás bien?
Alzó la mano para tocar el rostro de Natalia, mirándola como a una tonta:
—¿Qué clase de amor es ese, sin límites?